Casa Reykov

El hombre que volvió por uno más

Capítulo XIII

El hombre que volvió por uno más

Santiago tardó casi dos meses en aceptar que Nikolai podía quedarse en Turquía sin él.

Nikolai tardó dos minutos en cansarse de discutir.

"Vete."

"Todavía tienes problemas para caminar."

"Tengo problemas para caminar, no para existir sin ti."

Ximena levantó la mirada.

"Tiene razón."

Santiago la miró.

"Nadie te preguntó."

"No necesito invitación."

Kemal preparó el contacto con Yusuf Haddad, un hombre mayor que conocía a antiguos militares, personal de seguridad, intérpretes y trabajadores de organizaciones civiles.

Santiago conoció a varios candidatos.

Algunos hablaban demasiado de experiencia.

Otros de combate.

Otros de dinero.

Ninguno parecía correcto.

Samir Al-Hadid llegó siete minutos tarde.

"Había un accidente dos calles atrás", explicó.

"¿Y?"

"Ayudé a mover un vehículo."

No intentó convertirlo en una hazaña.

Su historial incluía protección de instalaciones, convoyes civiles y empresas extranjeras.

Santiago preguntó por qué había abandonado su último trabajo.

"El hombre que dirigía el equipo empezó a tomar decisiones para demostrar que era valiente. La gente murió."

"¿Qué habría hecho distinto?"

Samir respondió:

"Habría recordado que el trabajo era regresar con la gente, no demostrar nada."

En otra pregunta Santiago quiso saber si obedecería una orden con la que no estuviera de acuerdo.

"Depende."

"Mala respuesta para alguien que busca trabajo."

"Buena respuesta para alguien que quiera seguir vivo."

Samir no sabía quién era realmente Santiago.

Eso también le gustó.

La prueba definitiva no ocurrió durante una entrevista.

Ocurrió durante una visita a una pequeña organización civil cuando una situación violenta cercana obligó a evacuar a varias personas.

Samir cambió sin teatralidad.

Organizó.

Contó.

Movió personas.

Cuando ya parecían estar a salvo se detuvo.

"Falta Hassan."

Alguien respondió que había quedado atrás, herido.

Samir giró.

Santiago lo sujetó.

"No sabes si sigue ahí."

"Lo vi caer."

"Podrías morir."

Samir se soltó.

"Todavía falta uno."

Regresó.

Minutos después reapareció con Hassan apoyado sobre él.

No celebró.

Solo preguntó:

"¿Estamos todos?"

Santiago supo que había encontrado a la persona correcta.

Cuando le ofreció trabajo, Samir respondió:

"No."

Había investigado.

Conocía el nombre Volkov.

"No trabajo para mafias."

Santiago dijo:

"Entonces no trabajes para una."

Samir preguntó:

"¿Qué está construyendo?"

Santiago no tuvo respuesta suficiente.

Aquella noche escribió:

"¿Para qué existe la Casa Reykov?"

Después de horas llegó a una respuesta.

"Para que quien pertenezca a ella nunca sea abandonado por dejar de ser útil."

"Su fuerza debe proteger antes de dominar."

"La familia no será una excusa para controlar personas. Será una obligación hacia ellas."

Volvió con Samir.

"Estoy construyendo una casa donde nadie sea indispensable y nadie sea desechable."

Samir escuchó.

"Y quiero que tu trabajo sea conseguir que las personas bajo tu responsabilidad vuelvan vivas."

Samir aceptó con condiciones.

Tendría derecho a rechazar decisiones que pusieran vidas en riesgo por orgullo.

Su gente no sería utilizada para disputas personales.

La prioridad sería proteger.

Santiago aceptó.

Samir también le presentó contactos de distintos ambientes, incluidos intermediarios clandestinos. Santiago entendió que necesitarían equipamiento propio, pero decidió que aquello sería solo una solución temporal y nunca la identidad de la Casa.

Antes de regresar a Turquía escogió una antigua pistola de colección restaurada como regalo para Kemal. No por utilidad, sino por símbolo.

Cuando se la entregó, Kemal preguntó:

"¿Intentas comprarme?"

"No podría aunque quisiera."

"Entonces ¿qué es?"

"Cuando no tenía nada me diste una oportunidad para volver a levantarme. Esto no paga esa deuda. Solo demuestra que no la olvidé."

Kemal cerró la caja.

"Las deudas entre amigos son peligrosas."

Amigos.

Era la primera vez que utilizaba la palabra.

Samir conoció después a Nikolai y Ximena.

Ximena fue directa:

"Me dijeron que sabes decirle que no."

"Sí."

Ella extendió la mano.

"Bienvenido a la Casa Reykov."

Aquella noche Santiago escribió:

"Ximena Mei Liang: estructura."

"Nikolai Volkov: memoria."

"Samir Al-Hadid: protección."

Y finalmente:

"Santiago: propósito."

La Casa seguía siendo pequeña.

Pero ya tenía algo más valioso que cantidad.

Tenía personas que, cuando todo cayera, sabrían mirar atrás y preguntar:

"¿Quién falta?"