Casa Reykov

Un nombre para los que quedaron

Capítulo XII

Un nombre para los que quedaron

La recuperación de Nikolai se convirtió en calendario.

Primero sentarse sin ayuda.

Después mantenerse de pie.

Dos pasos.

Cinco.

El bastón llegó más tarde.

Santiago estaba presente siempre que podía.

"Cuando camine bien voy a matarte", dijo Nikolai una tarde.

"Eso significa que tienes motivación."

Mientras Nikolai aprendía a caminar otra vez, Santiago aprendía a dirigir sin apellido prestado.

Dentro de Kara Hilal apareció resistencia, especialmente de Hakan Arslan, un hombre que llevaba veinte años junto a Kemal.

"Llegas hace semanas y quieres explicarnos nuestra propia casa."

Santiago respondió:

"Usted sabe mucho más que yo sobre esta organización. Precisamente por eso puede ver cosas que yo no, y yo puedo ver otras porque no crecí dentro."

Le entregó los documentos.

"No me crea. Revíselo."

Dos días después Hakan volvió.

"Tres. No cinco. Tres decisiones pueden delegarse."

Santiago revisó sus argumentos.

"Tiene razón."

Hakan se sorprendió.

"¿Eso es todo?" "Sí."

Aquella respuesta ganó más respeto que cualquier demostración de autoridad.

Ximena avanzó todavía más rápido porque no parecía interesada en agradar a nadie.

Construyó mapas de funciones y dependencias. Kemal descubrió, para su horror, que después de algunos cambios empezó a tener tiempo libre.

"Tengo tres horas sin que nadie me pregunte nada."

Santiago sonrió.

"Consiga un pasatiempo."

La relación con Kemal ya no parecía simplemente un trato.

Se estaba convirtiendo en alianza.

Una noche, después de otra conversación sobre Viktor, Nikolai preguntó a Santiago qué construirían.

Ximena intervino:

"Primero necesitamos un nombre."

Santiago negó.

"Todavía no lo merecemos."

"Eso era muy dramático hace meses. Ahora es poco práctico."

Probaron Reyes.

Volkov.

Reyes-Volkov.

Nada funcionaba.

Santiago no quería apropiarse de la Casa Volkov de Mikhail. Tampoco reducir su vida a Reyes, el apellido del muchacho que había salido de México.

Ximena tomó un bolígrafo.

Escribió:

"REY"

Después:

"KOV"

Los unió.

"REYKOV."

Santiago lo observó.

"¿Qué es?" "Tú. Reyes y Volkov."

Nikolai tomó el papel.

"Suena ruso."

"Y empieza con Rey", respondió Ximena.

Santiago sonrió.

"México escondido dentro de Rusia."

"Más o menos como tú."

Santiago dijo las palabras por primera vez:

"Casa Reykov."

Nikolai lo miró.

"¿Te preocupa estar robando el apellido de mi padre?"

La pregunta fue demasiado exacta.

Santiago no respondió.

Nikolai continuó:

"Mikhail te dio el nombre Volkov delante de todos. No necesitas mi permiso."

"Entonces ¿por qué me lo dices?"

"Porque necesitas escuchar que no estás robando nuestra familia. La estás manteniendo viva."

El nombre quedó.

Kemal se burló de la ambición de una casa formada por apenas unas cuantas personas.

Después dejó una nueva carpeta sobre la mesa.

"Necesitas seguridad propia."

Santiago entendió.

Los hombres de Kemal podían protegerlos, pero seguirían siendo de Kemal.

"¿Dónde encuentro los míos?"

"Irak."

Kemal conocía personas que habían trabajado en protección, seguridad y entornos difíciles.

"No busques al hombre que mejor pelea", advirtió. "Busca al que, cuando todos corran para salvarse, siga pensando en quién falta."

Santiago escribió la frase.

La Casa Reykov ya tenía nombre.

Ahora necesitaba personas capaces de darle peso.