Capítulo XIX
Los hijos de los hombres que murieron
Mateo eligió Panamá.
No México. No España. No Colombia.
Terreno neutral.
Santiago entendió inmediatamente la lógica.
Ximena también.
"Me cae mejor", dijo.
"Todavía no lo conoces."
"Tomó la decisión que habrías tomado tú."
"Eso empieza a preocuparme."
Nikolai quiso viajar con ellos. Santiago se negó. Samir organizó seguridad discreta sin
convertir la reunión en una demostración.
Sofía ganó la misma discusión del otro lado.
Mateo le dijo que podía ser peligroso.
Ella respondió:
"Precisamente por eso voy."
Cuando finalmente se encontraron, Santiago reconoció a Mateo por Joaquín antes que
por las fotografías. Los ojos. La forma de observar el lugar. La quietud antes de extender
la mano.
"Santiago Reyes."
"Mateo Serrano."
No sonrieron.
Sofía entró detrás.
Santiago la reconoció. Ella esperaba a alguien distinto: un capo arrogante, quizá una
copia de Alejandro construida con rumores. En cambio encontró a un hombre controlado,
cansado y demasiado atento a todo.
Después Mateo miró a Ximena.
"Ximena Mei Liang."
Ella levantó una ceja.
"Investigaste."
"Lo suficiente."
"Espero que haya valido la pena."
La cortesía duró pocos minutos.
Santiago preguntó:
"¿Cómo murió Joaquín?"
Mateo dejó la taza.
"Acribillado en el estacionamiento del aeropuerto."
Santiago quedó inmóvil.
"¿Cuánto después de dejarme?"
"Muy poco."
"¿Por qué?"
Mateo sostuvo su mirada.
"Los hombres que lo atacaron estaban buscándote a ti."
El aire pareció desaparecer.
Mateo explicó que uno de los hombres cercanos a Joaquín había sobrevivido suficiente
para contar que preguntaban por Santiago. Joaquín había conseguido que el avión saliera
antes.
"Murió por sacarme", dijo Santiago.
Mateo cambió inmediatamente.
"No."
"Mateo..."
"No vuelvas a decir eso. Mi padre tenía edad suficiente para elegir. Tú tenías dieciocho
y no sabías nada. Joaquín murió porque decidió cumplir una promesa a Alejandro.
Agradécelo. Pero no conviertas su decisión en una culpa que te haga sentir importante."
Ximena observó a Mateo de otra manera.
Santiago también.
Después comenzó la parte que Mateo realmente quería.
"¿Qué pasó después de México?"
Santiago le habló de Moscú.
Mikhail.
Yelena.
Dmitri.
Anastasia.
Nikolai.
La adopción.
Viktor.
Estambul.
La caída.
Reykov.
Cuando mencionó a Nikolai, Mateo dijo:
"El ruso."
Santiago corrigió:
"Mi hermano."
Mateo entendió el peso del término.
Sofía preguntó por Reykov.
"¿Por qué ese nombre?"
"Reyes y Volkov. Rey. Kov."
"Sentimental."
"No se lo digas a Ximena."
"Yo lo inventé", respondió ella.
Sofía sonrió.
La conversación derivó hacia negocios.
Mateo descubrió que Santiago estaba mucho más interesado en construir empresas
legítimas de lo esperado.
"Heredaste negocios ilegales en España", dijo.
"Parte."
"Y quieres eliminarlos."
"Quiero que Reykov pueda existir sin ellos."
Sofía levantó la mirada.
"¿Algún día por completo?"
Santiago pensó.
"Ese es el objetivo."
Mateo soltó una risa breve.
"Eso no funciona así."
Sofía respondió:
"Porque nunca lo has intentado."
La discusión era antigua. Santiago lo comprendió inmediatamente.
Mateo había heredado el mundo clandestino. Sofía había pasado años intentando que
las empresas Serrano construyeran un futuro legítimo.
Santiago quedó entre ambos de una manera inesperadamente natural.
Ximena y Mateo chocaron por otras razones.
Él confiaba en intuición y relaciones.
Ella exigía datos.
"Conozco a ese hombre hace diez años", dijo Mateo en un momento.
"Eso no es evidencia", respondió Ximena.
"Para personas normales sí."
"Qué aterrador."
Santiago escondió una sonrisa detrás de la taza.
Mateo terminó preguntando:
"¿Qué haces exactamente en Reykov?"
"Todo lo que Santiago olvida."
"Debe ser mucho."
"Una cantidad insoportable."
Santiago levantó una mano.
"Estoy aquí."
Mateo sonrió.
Por primera vez miró a Ximena no solo como parte del entorno de Santiago, sino como
una persona que había elegido estar allí.
Sofía, por su parte, terminó conversando a solas unos minutos con Santiago.
"Durante años fuiste el muchacho por el que murió mi padre", dijo.
Santiago guardó silencio.
"No te culpaba. Pero tampoco eras una persona real. Solo una historia."
"¿Y ahora?"
Sofía lo observó.
"Todavía estoy decidiendo."
Santiago sonrió.
"Parece que hoy todos hacen eso."
Antes de separarse, Mateo entregó copias de archivos de Joaquín.
"Mi padre guardó cosas sobre Alejandro."
"¿Por qué dármelas?"
"Porque parte de esa historia también te pertenece."
Después añadió:
"No vengas a México todavía."
"No prometo nada."
Mateo sonrió sin humor.
"Entonces sí te pareces a Alejandro."
En los vuelos de regreso, ocurrió una simetría que ninguno de los cuatro habría
admitido.
Ximena preguntó a Santiago por Sofía.
Santiago negó cualquier interés que no fuera profesional.
Sofía hizo exactamente lo mismo con Mateo respecto a Ximena.
Ambos hermanos terminaron escuchando la misma frase:
"Tu cara."
De regreso en Santa Aurelia, Santiago escribió:
"Mateo Serrano. Misma edad. Heredó el mundo clandestino de Joaquín. Independiente
de Barragán. Puede convertirse en aliado. No asumirlo."
Después:
"Sofía Serrano. Área legal y empresarial. Apartada del mundo clandestino. Observa
demasiado."
Se quedó mirando esa última línea.
Sonrió.
No añadió nada más.
En Michoacán, Mateo abrió un cuaderno viejo de Joaquín y encontró una nota:
"Alejandro quiere que el muchacho tenga elección."
Debajo escribió:
"Está vivo. Volvió por elección."
Los hijos de Alejandro y Joaquín finalmente se habían encontrado.
Ahora necesitaban descubrir quién había decidido que uno de ellos no debía salir vivo
de México.