Capítulo XVIII
El hombre del aeropuerto
Santiago no habló de Joaquín Serrano durante el vuelo de regreso a España.
No porque hubiera olvidado el nombre.
Desde que Salazar mencionó a Alejandro, ciertos recuerdos regresaban con una
precisión incómoda: un automóvil, luces de aeropuerto, una mano entregándole un boleto
y un hombre al que siempre había considerado simplemente amigo de su padre.
Joaquín.
Tenía dieciocho años cuando lo llevó al aeropuerto.
"No voy a subir", había dicho Santiago.
Joaquín mantuvo ambas manos sobre el volante.
"Sí vas a subir."
"¿Dónde está mi padre?"
Silencio.
"¿Mi madre?"
Joaquín no respondió.
Santiago golpeó el tablero con la palma.
"¡Dime algo!"
Entonces Joaquín lo miró.
"Alejandro sabía que harías esto."
"¿Qué?"
"Tu padre me hizo prometer que, si llegaba el momento, te sacaría de México aunque
tuvieras que odiarme por hacerlo."
Santiago recordó las palabras de Alejandro: si alguna vez te dicen que tienes que irte,
te vas.
"¿Ese momento llegó?"
Joaquín tardó demasiado.
"Sí."
En el avión, años después, Santiago abrió la primera libreta de su vida rusa.
En la cubierta interior había dos letras pequeñas que nunca había relacionado con
nada.
J.S.
"Mei."
Ximena abrió los ojos.
"¿Qué?"
Santiago le mostró la libreta.
"Creo que era de Joaquín Serrano."
Ella despertó por completo.
"¿Quién?"
"El hombre que me llevó al aeropuerto."
Cuando llegaron a Santa Aurelia, la investigación comenzó esa misma noche.
Nikolai vio la fotografía de Alejandro y reconoció el parecido inmediatamente.
Samir escuchó en silencio.
Ximena buscó registros públicos primero.
Joaquín Serrano aparecía durante años alrededor de empresas de Michoacán. Después
casi desaparecía.
La fecha fue lo que cambió todo.
Joaquín Serrano había muerto la misma noche en que Santiago salió de México.
No días después.
Horas.
Santiago se quedó mirando la pantalla.
"Compruébalo."
Ximena lo hizo.
Otra fuente.
Otra.
Misma fecha.
Las referencias sobre la muerte eran breves: violencia en el estacionamiento del
aeropuerto, investigación inconclusa, múltiples atacantes.
Santiago caminó hacia la ventana.
"Yo estaba dentro."
Nikolai se acercó.
"No sabes si está relacionado."
"La misma noche."
"Hechos."
La palabra sonó como Mikhail.
Ximena encontró dos hijos.
Mateo Serrano, prácticamente de la misma edad que Santiago.
Sofía Serrano, menor, vinculada principalmente con derecho corporativo y empresas
legítimas.
Mateo, en cambio, había heredado después de la muerte de Joaquín parte del mundo
clandestino de su padre.
Santiago miró la fotografía.
Dos hombres de dieciocho años.
Uno subiendo a un avión.
El otro quedándose en México y heredando una estructura que nadie debería heredar
a esa edad.
Muy lejos de Andalucía, Esteban Salazar llamó a Mateo Serrano.
"Adivina de qué me enteré."
Mateo suspiró.
"Si vas a hacerme adivinar, voy a colgar."
Salazar rió.
"Alejandro Reyes tenía un hijo."
Mateo dejó de moverse.
"Ya lo sabía."
Ahora fue Salazar quien guardó silencio.
"¿Joaquín sabía?"
"Mi padre hablaba de él."
"Entonces esto te va a interesar más. Acabo de conocerlo."
Mateo se levantó.
"¿Qué?"
"Santiago Reyes."
El nombre había existido durante años como una historia. El muchacho protegido. La
última promesa de Joaquín. El hijo que Alejandro había intentado mantener lejos.
"¿Está vivo?"
"Muy vivo. Se hace llamar Reykov."
Mateo frunció el ceño.
"¿Qué demonios es Reykov?"
Salazar le contó lo que sabía: España, relaciones rusas, una mujer mexicana de familia
china, un hermano ruso, una Casa nueva.
Mateo pensó en su padre.
Alejandro había intentado que Santiago conociera otro mundo antes de conocer el
suyo.
Quizá no había fracasado completamente.
Sofía entró al despacho de Mateo durante la llamada.
Cuando él colgó, ella preguntó:
"¿Qué pasó?"
Mateo tardó.
"Santiago Reyes está vivo."
Sofía reconoció el nombre.
"¿El muchacho del aeropuerto?"
"Sí."
La última misión de Joaquín acababa de adquirir rostro.
En Santa Aurelia, Santiago escribió a Mateo antes de que Salazar pudiera explicar
mucho más.
"Mi nombre es Santiago Reyes. Creo que tu padre fue el último hombre que vi antes de
abandonar México. Necesito hablar contigo."
La respuesta tardó.
Cuando llegó, Santiago perdió el color del rostro.
"Mi padre murió la noche que te llevó al aeropuerto."
Ximena leyó por encima de su hombro.
Santiago respondió:
"No lo sabía."
Mateo:
"Ya me dijeron. Salazar."
Santiago escribió:
"Necesito saber qué pasó."
La siguiente respuesta definió todo lo que vendría:
"Y yo necesito saber en qué te convertiste."
Después:
"No vengas todavía a México. Primero hablaremos en terreno neutral."
Santiago aceptó.
Nikolai sonrió cuando supo.
"Hace demasiadas preguntas antes de confiar."
"¿Y?"
"Probablemente se parezca a ti."
En Michoacán, Sofía anunció que acompañaría a Mateo.
Él se negó.
Ella recordó que Joaquín también había sido su padre.
La discusión terminó ahí.
Por primera vez, las dos familias que Alejandro y Joaquín habían mantenido separadas
comenzaron a caminar una hacia la otra.