El rey demonio y la heroina

ENTRE TRATADOS Y PROMESAS

Capítulo XLXXVI

ENTRE TRATADOS Y PROMESAS

OCHO DÍAS DESPUÉS La paz entre Arthel y el Reino Demoníaco ya tenía firmas. Sellos. Cláusulas. Dos copias originales del Tratado de Cargadrath guardadas bajo la protección de ambos Estados. Lo que todavía no tenía... era una forma sencilla de funcionar. Porque escribir: “Ambas partes investigarán los incidentes fronterizos antes de cualquier movilización militar.” ocupaba apenas unas líneas. Decidir quién enviaba el primer mensaje, cuánto tiempo podía tardar la respuesta, qué oficiales tendrían autoridad, qué ocurría si una patrulla desaparecía y qué información podía compartirse... requería muchas más páginas. Lucien estaba descubriendo que la paz producía una cantidad sorprendente de documentos. • • • Aquella mañana se encontraba con Elyra revisando precisamente uno de ellos cuando llamaron a la puerta. —Adelante.

Un funcionario entró. Llevaba dos sobres. Ambos mostraban el sello de la Casa Vhalyr. —Correspondencia oficial del Reino Demoníaco, majestad. Lucien levantó la mirada. —¿Sobre Cargadrath? —Uno de los documentos sí. Pausa. —Los otros llegaron por conducto diplomático, pero parecen invitaciones. Elyra dejó inmediatamente la pluma. Lucien sonrió. —La boda. • • • El primer sobre estaba dirigido a él. A SU MAJESTAD LUCIEN DE ARTHEL Y A LA FAMILIA REAL DE ARTHEL. Lucien rompió cuidadosamente el sello. La invitación era elegante. No exageradamente ornamentada. Darian seguía siendo Darian. Leyó. Fecha. Lugar.

Horario. Normas para las delegaciones extranjeras. La ceremonia se celebraría en la capital demoníaca. —Dentro de poco más de un mes —dijo Lucien. Elyra extendió la mano. —Déjame ver. —Tienes la tuya. Lucien señaló el segundo sobre. Ella lo tomó. En el exterior decía simplemente: A SU ALTEZA REAL, LA PRINCESA ELYRA DE ARTHEL. Todo correcto. Todo formal. Elyra abrió. Sacó la invitación. Era prácticamente idéntica. Entonces algo cayó sobre la mesa. Una tarjeta mucho más pequeña. Elyra frunció el ceño. La tomó. Y leyó. • • • Para Lysa Arden...

o quizá debería decir Su Alteza, la princesa Elyra de Arthel: Elyra dejó de respirar. Lucien levantó los ojos. —¿Qué ocurre? —Nada. —Esa fue una cara de algo. —No hice ninguna cara. —Elyra. Ella siguió leyendo. Está cordialmente invitada a nuestra boda. Puede asistir como princesa de Arthel, antigua refugiada, auxiliar ferroviaria o princesa de los números. Aunque agradecería que eligiera una sola identidad antes de llegar para evitar problemas con la lista de invitados. Darian Vhalyr Silencio. Elyra cerró los ojos. —No. Lucien se levantó. —¿Qué? —Lo sabe. —¿Quién sabe qué? Ella levantó lentamente la mirada. —Darian sabe que yo era Lysa.

• • • Lucien quedó inmóvil. —¿Desde cuándo? —No lo sé. —¿Lo sabía cuando estabas allí? Elyra volvió a mirar la tarjeta. Pensó. Recordó la calle. El alojamiento. La estación. La conversación sobre los nobles. El encuentro antes de que Darian tomara el tren hacia Cargadrath. —No creo. —¿Por qué? —Porque si lo hubiera sabido... Pausa. —su comportamiento habría tenido todavía menos sentido del habitual. Lucien tuvo que admitir que aquello no servía para descartar demasiadas posibilidades. —Déjame ver. Elyra apartó la tarjeta. —No. —Elyra. —Está dirigida a mí.

—Yo también conozco a Darian. —Eso no te da derecho. —Soy tu rey. —Y yo soy tu hermana. —Exactamente. Por eso sé que me la vas a enseñar tarde o temprano. —No. • • • Lucien sonrió. Elyra reconoció aquella expresión. —Ni lo intentes. —No estoy haciendo nada. —Lucien. Él se movió. Ella también. Durante cinco segundos, el rey de Arthel y una princesa de la Casa Real lucharon por una tarjeta de papel como dos niños. Lucien consiguió atraparla. —¡Lucien! —Victoria de la Corona. —También soy parte de la Corona. —Detalle administrativo. Leyó. Llegó a una línea. Se detuvo.

Elyra señaló inmediatamente. —No. Lucien levantó lentamente la mirada. —Princesa de los números. —Te mataré. —Su Alteza Real, princesa de los números. —Puedo apoyar a todos los nobles que se oponen a tus reformas. Lucien dejó de sonreír. —Eso es desproporcionado. —Funciona. • • • Elyra recuperó la tarjeta. Y entonces descubrió que todavía faltaba algo. Debajo de la firma de Darian había otra caligrafía. P. D.: Todavía quiero saber si conservaste el vale ferroviario. —Aveline Elyra quedó completamente quieta. Lucien lo notó. —¿Qué? Ella levantó la tarjeta. —Fue Aveline. —¿Qué fue Aveline? —Quien me reconoció.

Lucien frunció el ceño. Elyra comenzó a recordar. —Cuando estaba allí... me miraba de una forma extraña algunas veces. —Como si intentara recordar algo. —¿La conocías? —Muy poco. Pausa. —Pero sí. Elyra apoyó la tarjeta sobre la mesa. —La vi años atrás en el palacio. —Cuando todos todavía la llamaban Heroína. Lucien empezó también a recordar. —Con padre. —Sí. —Estuvimos juntos en algunas reuniones. Elyra asintió. —No habló demasiado conmigo. —Por eso tampoco pensé que pudiera reconocerme. Pausa. —Pero ahora entiendo por qué mi cara le resultaba familiar. • • • Lucien sonrió. —Entonces Aveline descubrió que eras Lysa.

—Parece. —Y se lo contó a Darian. —Parece. —Y ahora ambos saben que la princesa de Arthel pasó varios días trabajando en su estación ferroviaria. Elyra lo miró. —Te queda una oportunidad para detenerte. —La princesa de los números— —Se acabó. Lucien empezó a reír. • • • La tercera comunicación era bastante menos divertida. El gobierno demoníaco solicitaba una delegación de Arthel en la capital para comenzar a desarrollar los mecanismos administrativos del Tratado de Cargadrath. Lucien leyó todo. Después miró a Elyra. —Vamos. —¿Los dos? —Sí. —Podríamos enviar solamente a los juristas. —Podríamos. Lucien dejó el documento. —Pero Darian me dijo que no me escondiera en el palacio.

—¿Vas a seguir sus consejos? —No todos. —¿Ya decidiste cuáles ignorar? —El que implica llamar idiotas incompetentes a mis nobles parece un buen comienzo. —Cobarde. —Rey prudente. • • • La delegación salió de Arthel cuatro días después. No era enorme. Lucien había aprendido algo de Cargadrath. Demasiadas personas podían convertir cualquier reunión en una ceremonia interminable. Así que viajaron con juristas. Dos funcionarios de comercio. Representantes fronterizos. Algunos guardias. La reina madre decidió acompañarlos también, en parte porque asistiría a futuras actividades relacionadas con la boda y en parte porque, según ella: —Alguien tiene que asegurarse de que mis dos hijos regresen esta vez utilizando sus propios nombres. Elyra decidió no responder. Lucien tuvo menos prudencia. —Princesa de—

Elyra levantó un dedo. —Termina. Lucien calló. • • • La segunda entrada de Elyra al Reino Demoníaco fue muy distinta de la primera. Esta vez había banderas. Credenciales diplomáticas. Una escolta. Funcionarios esperando. Y nadie le preguntó si llevaba un cuchillo entre sus pertenencias. Eso le pareció casi decepcionante. • • • Mientras atravesaban el puesto fronterizo, Elyra observó a los guardias. Reconoció a uno. O creyó hacerlo. Se giró discretamente hacia el interior del carruaje. Lucien la vio. —¿Te escondes? —No. —Definitivamente te escondes. —Quizá trabajaba aquí cuando entré como Lysa. Lucien sonrió. —Sería maravilloso que te reconociera.

—Para ti. —Especialmente para mí. • • • Horas después comenzaron a aparecer los primeros barrios exteriores de la capital. Lucien se acercó a la ventana. Aunque había recibido informes detallados durante años, la realidad era diferente. Vías férreas. Almacenes. Talleres. Barrios antiguos mezclados con expansiones recientes. Mercaderes humanos. Demonios. Enanos. Lagartos. Carros intentando compartir calles con vehículos mucho más modernos. —Es más grande de lo que imaginaba —dijo. Elyra sonrió. —Yo pensé lo mismo. —No pongas esa cara de experta. —Trabajé aquí. Lucien cerró los ojos. —No debería haberte recordado lo de la estación.

—Nunca. • • • La delegación tenía previsto dirigirse directamente al palacio. Pero al entrar en la plaza central Lucien levantó una mano. —Detengan el carruaje. Elyra supo inmediatamente qué había visto. • • • La estatua de Azrhael se alzaba frente a ellos. Lucien descendió. Elyra y su madre hicieron lo mismo. Los guardias mantuvieron una distancia prudente. El rey humano avanzó lentamente. Había conocido a Azrhael a través de cartas. Tratados. Informes. Y, sobre todo, mediante las consecuencias de decisiones tomadas durante su reinado. Esperaba una estatua de un monarca. Encontró otra cosa. • • • Azrhael no levantaba una espada. La llevaba envainada. La corona era sencilla. Su postura no era triunfal.

Una mano se extendía hacia adelante. En ella... un pan. Lucien se quedó observándolo. —¿Por qué? Elyra sabía exactamente qué preguntaba. —Vaelor Theryn participó en el diseño. —¿El conde? —Sí. Pausa. —Pidió que Azrhael ofreciera el pan a alguien. —Pero que no esculpieran a la otra persona. Lucien levantó una ceja. —¿Por qué? Elyra miró la mano extendida. —Para que cualquiera que estuviera frente a él pudiera imaginar que se lo estaba ofreciendo. • • • Lucien permaneció en silencio. Después comenzó a caminar. Entonces descubrió el muro. La primera inscripción captó inmediatamente su atención. EN HONOR A TODOS LOS DEMONIOS Y HUMANOS CAÍDOS DURANTE LA GUERRA.

QUE SU SACRIFICIO NO SEA EN VANO. Lucien leyó dos veces. Después vio los nombres. Muchos demonios. Pero también... humanos. • • • —Hay humanos. —Sí —respondió Elyra. Lucien se acercó. No estaban separados. No había una sección honorable para demonios y otra secundaria para humanos. Nombres. Simplemente nombres. Después encontró otra inscripción. DIRIGIDO A AQUELLOS QUE AYUDARON A OTROS SIN MIRAR SU ESPECIE NI RAZA. Lucien bajó lentamente la mirada. —Esperaba que recordaran a sus propios héroes. —Lo hacen. —Pero también están estos. Elyra observó el muro. —Creo que esa es la idea.

• • • Un anciano demonio llegó con flores. Las dejó frente a uno de los nombres. A pocos metros, una mujer humana hacía lo mismo. No intercambiaron palabras. No necesitaban hacerlo. Lucien los observó. —En Cargadrath Darian me dijo que todavía había ciudadanos que no estaban preparados para confiar en humanos. —Lo recuerdo. —Ahora lo entiendo un poco mejor. Elyra lo miró. Lucien señaló el muro. —Puede poner nombres humanos y demonios juntos en una pared. Pausa. —Eso no significa que las familias estén preparadas para luchar juntas. —No. —Dos años siguen siendo poco. Elyra asintió. —Por eso no consiguió una alianza defensiva. Lucien sonrió apenas. —Gracias por recordármelo. • • • Un movimiento cerca del palacio captó la atención de todos.

Varias personas comenzaron a mirar hacia arriba. Trabajadores abandonaron momentáneamente sus tareas. Comerciantes salieron de los puestos. Niños señalaron. Lucien frunció el ceño. —¿Prepararon algo por nuestra visita? Elyra negó inmediatamente. —Darian no organizaría esto para recibirnos sin avisarnos. Pausa. —Espero. • • • Las puertas del balcón principal se abrieron. Darian apareció. Aveline caminaba junto a él. Lio iba unos pasos detrás. La plaza empezó a silenciarse. Darian miró hacia abajo. Entonces utilizó magia. Una vibración casi imperceptible recorrió el aire. —Buenos días. Lucien levantó bruscamente la cabeza. La voz había llegado clara. Perfecta.

Como si Darian estuviera hablando a pocos metros. —¿Qué hizo? Elyra sonrió. —Amplificación. Lucien miró alrededor. —Toda la plaza puede escucharlo. —Sí. • • • Darian continuó. —He descubierto que durante las últimas semanas han circulado algunas historias interesantes sobre mi boda. Una voz desde abajo gritó: —¡YA SE CASÓ TRES VECES SEGÚN MI VECINA! La plaza estalló en risas. Darian esperó. —Entonces su vecina tiene información que yo no poseo. Aveline negó con la cabeza. • • • —Según otro rumor —continuó Darian—, vamos a trasladar la ceremonia a una montaña. Pausa. —Según uno todavía peor, Varkhaz piensa oficiarla. Una voz atronadora apareció desde algún lugar lejano. —¡YO NO HE ACEPTADO NADA!

Lucien dio un pequeño sobresalto. Giró hacia Elyra. —¿Ese fue...? —Sí. —¿Varkhaz? —Sí. Darian miró hacia el cielo. —¡NADIE TE LO HA PEDIDO! —¡EXCELENTE! La multitud volvió a reír. Lucien se quedó mirando el balcón. —No sé qué parte de esto me preocupa más. —Terminas acostumbrándote. —Eso me preocupa todavía más. • • • Darian esperó a que el ruido disminuyera. Después tomó la mano de Aveline. La plaza cambió. Las risas se fueron apagando. —Hace dos años, Aveline Caelor y yo les dijimos públicamente que habíamos decidido iniciar una relación. Pausa. —También dijimos que aquello nos pertenecía. —No al Reino Demoníaco.

—No a Arthel. —No a los nobles. —Y definitivamente no a dos personas que vivieron hace más de mil años. Aveline apretó ligeramente su mano. • • • —Eso no ha cambiado. Darian miró a Aveline. —Pero hace algún tiempo le pedí que se casara conmigo. Una mujer gritó desde algún punto: —¡¿Y QUÉ DIJO?! Aveline se inclinó ligeramente hacia adelante. Su propia voz se extendió por la plaza. —Dije que sí. Los primeros aplausos comenzaron inmediatamente. Lio levantó ambos brazos. Darian lo miró. —Tú no hiciste nada. —¡GUARDÉ EL SECRETO! Aveline: —Apenas. • • • Darian levantó una mano. El ruido disminuyó.

—Y ahora ya podemos anunciar la fecha. Lucien miró brevemente a Elyra. Ambos ya la conocían. Pero escucharla allí era diferente. Darian anunció el día. El vigésimo tercer día del próximo mes. Al mediodía. En la capital. • • • Durante un segundo hubo silencio. Después la plaza estalló. Aplausos. Silbidos. Gritos. Personas golpeando mesas. Niños saltando. Una comerciante enana levantó una jarra. Dos trabajadores humanos se abrazaron antes de darse cuenta de que seguían cubiertos de grasa. Un anciano demonio simplemente sonrió. No todos reaccionaron igual. Algunos aplaudieron poco. Otros solamente escucharon. Un comerciante siguió atendiendo a un cliente.

Pero nadie parecía estar haciéndolo porque un guardia vigilara. No había soldados indicando cuándo aplaudir. Ni funcionarios mirando quién permanecía callado. • • • Darian volvió a hablar. —Y antes de que alguien invente otro rumor... Pausa. —No habrá ningún impuesto especial para pagar la boda. Una parte sorprendentemente grande de la plaza aplaudió todavía más fuerte. Aveline miró a Darian. —¿Realmente era necesario aclararlo? —Dravenn recibió tres preguntas. Una voz desde abajo: —¡LOS RECAUDADORES DIJERON QUE SÍ! Darian entrecerró los ojos. —Quiero nombres. La multitud rio. • • • Lio se adelantó. —¡Y HABRÁ COMIDA! Darian giró. —Lio. —¿Qué?

—Todavía no hemos aprobado todo el presupuesto. Lio pensó. Después volvió hacia la plaza. —¡ENTONCES HABRÁ UNA CANTIDAD RESPONSABLE DE COMIDA! Hasta Lucien empezó a reír. Aveline se cubrió el rostro con una mano. —Ese es tu hijo. Darian: —Nuestro problema. Lio: —¡LOS ESCUCHÉ! • • • Los aplausos continuaron. Lucien permaneció mirando. Después murmuró: —Ahora entiendo. Elyra lo escuchó. —¿Qué? —Cargadrath. Ella esperó. —Darian me dijo que un rey no debía esconderse en el palacio. Lucien observó al soberano demonio hablando directamente con una plaza llena de ciudadanos.

—Pensé que simplemente quería decir que debía caminar entre la gente. Pausa. —Pero también hablaba de esto. Elyra miró hacia el balcón. —La magia ayuda. —No es la magia lo impresionante. Ella giró hacia su hermano. Lucien señaló discretamente a la multitud. —Cualquiera con suficiente poder podría hacer que todos escucharan su voz. Pausa. —Lo impresionante es que ellos quieren escucharlo. • • • Elyra no respondió. Porque Lucien tenía razón. La magia podía obligar a una voz a llegar a miles de oídos. No podía obligar a miles de personas a recibirla con afecto. • • • El anuncio terminó. Darian comenzó a retirarse. Aveline miró una última vez hacia la plaza. Sus ojos recorrieron la multitud. Se detuvieron. Elyra lo notó inmediatamente.

Aveline la había encontrado. La futura esposa de Darian sonrió. No de manera protocolaria. No como quien reconoce a una princesa extranjera. Sino de una forma mucho más peligrosa. Elyra supo inmediatamente qué estaba pensando. Princesa de los números. —Oh, no. Lucien: —¿Qué? —Nos vio. —Eso es bueno. —No entiendes. • • • Poco después, la delegación continuó hacia el palacio. Esta vez Elyra sentía considerablemente más ansiedad que cuando había entrado allí como Lysa Arden. • • • Darian los recibió en uno de los salones principales. No llevaba corona. Había cambiado la ropa utilizada en el balcón por un uniforme formal más sencillo. —Majestad Lucien. Darian inclinó ligeramente la cabeza.

—Bienvenido nuevamente al Reino Demoníaco. Lucien respondió. —Majestad. Después Darian miró a Elyra. —Princesa Elyra. —Majestad. —Me alegra comprobar que esta vez ha cruzado nuestra frontera utilizando su verdadero nombre. Lucien bajó inmediatamente la cabeza. Elyra lo señaló sin mirarlo. —No. —No he dicho nada —respondió su hermano. • • • Aveline apareció detrás de Darian. Elyra la vio sonreír. No. —Su Alteza —dijo Aveline. —Aveline. Pausa. La sonrisa aumentó. —Señorita princesa de los números. Es un gusto volver a verla. Silencio. Lucien perdió la batalla. Soltó una carcajada.

Elyra cerró los ojos. —Tenía la esperanza de que la tarjeta hubiera agotado este asunto. —No —respondió Aveline. Darian negó. —Definitivamente no. Elyra los miró a ambos. —Empiezo a arrepentirme de haber regresado. Aveline: —¿Conservaste el vale? Elyra metió lentamente una mano en su bolso. Sacó el viejo vale ferroviario. Aveline abrió los ojos. —¡Lo conservaste! —No sabía que iba a convertirse en evidencia diplomática. Darian sonrió. —Eso mejora mucho la historia. • • • Elyra lo miró. —Entonces ¿cómo lo descubrieron? Aveline levantó una mano. —Yo. Elyra asintió. —Eso imaginé.

—Tu cara me resultaba familiar desde la primera vez que te vi como Lysa. Pausa. —Pero no recordaba de dónde. Aveline la estudió. —Después vimos tu retrato oficial en la lista de invitados. —Y recordé. —El palacio de Arthel. Elyra terminó por ella. —Con Lucien y mi padre. —Sí. —Cuando todos te llamaban Heroína. La expresión de Aveline cambió ligeramente. —Exactamente. • • • Darian añadió: —Revisamos si habías intentado acceder a alguna zona restringida. Elyra se puso seria. —No lo hice. —Lo sabemos. —¿Corin tuvo problemas? —Ninguno. Darian negó. —No reveló nada clasificado.

—Y tú respetaste los límites cuando te explicaron dónde no podías entrar. Pausa. —Utilizar identidad falsa sigue siendo una idea terrible. Elyra hizo una pequeña mueca. —Lo sé. —No vuelvas a hacerlo. —No planeo hacerlo. Lucien: —Me gustaría tener eso por escrito. Elyra: —Cállate. • • • La primera reunión formal comenzó poco después. Esta vez no fueron únicamente dos reyes y cuatro guardias. Cargadrath ya había resuelto las decisiones políticas. Ahora tocaba convertirlas en procedimientos. Juristas de ambos reinos ocuparon la sala. Funcionarios fronterizos. Administradores comerciales. Representantes encargados de refugiados y ayuda humanitaria. Darian y Lucien permanecieron en la cabecera, pero dejaron hablar a quienes conocían mejor cada asunto. • • • La primera discusión duró casi una hora.

¿Qué ocurría si una patrulla desaparecía cerca de la frontera? Se estableció un canal directo entre comandancias. Ninguno de los dos reinos podría movilizar fuerzas importantes alegando un incidente sin haber intentado primero una comunicación formal, salvo amenaza inmediata demostrable. Después: ¿Qué ocurría con personas perseguidas por grupos criminales que cruzaran accidentalmente? Procedimiento de identificación. Asistencia médica. Comunicación con el otro reino. Prohibición de devolución inmediata si existía un riesgo claro para la vida del individuo hasta investigar el caso. • • • El comercio fue todavía más complicado. Darian mantuvo la línea de Cargadrath. —Tecnología militar estratégica, no. Un funcionario humano preguntó: —¿Motores civiles? Maelis, presente como asesora técnica, respondió antes que Darian. —Dependiendo del diseño. —¿Ferrocarril? —Sistemas civiles evaluados individualmente. —¿Radios? Ilan, sentado unas sillas más lejos:

—Modelos civiles con alcance y características limitadas pueden discutirse. Darian añadió: —Los sistemas militares no. Lucien asintió. —Eso ya estaba acordado. • • • Quedó establecido un sistema de categorías. Comercio permitido. Comercio sujeto a autorización. Tecnología restringida. Tecnología estratégica prohibida. Nada perfecto. Pero claro. • • • También acordaron cooperación sanitaria. Información sobre epidemias. Movimientos extraordinarios de refugiados. Incendios de gran escala próximos a la frontera. Inundaciones. Desastres agrícolas que pudieran provocar desplazamientos masivos. Nada obligaba a entregar recursos ilimitados. Pero ambos gobiernos se comprometían a avisar y coordinar cuando un desastre en un lado pudiera afectar al otro.

• • • Horas después, la última carpeta quedó cerrada. Los juristas comenzaron a marcharse. Los funcionarios recogieron documentos. Maelis desapareció prácticamente corriendo después de escuchar que alguien había utilizado incorrectamente la expresión “motor estándar”. Ilan decidió no preguntar. Finalmente quedaron solo Darian y Lucien durante unos minutos. • • • Lucien observó la montaña de documentos. —En Cargadrath esto ocupaba nueve cláusulas. Darian: —Bienvenido a la administración. —Pensé que gobernar sería más interesante. —A veces hay guerras. Lucien hizo una mueca. —Prefiero los documentos. —Yo también. • • • Lucien permaneció un momento callado. Darian lo notó. —¿Algo más? —Sí. Lucien apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Quiero pedirle algo. Darian levantó una ceja. —Adelante. —Admito que no tengo demasiada experiencia. No había vergüenza en su voz. Solo sinceridad. —Nunca he tenido experiencia real de combate. —Mi formación militar fue académica. —He acompañado oficiales. —He leído informes. —Pero jamás he comandado hombres en una batalla. Darian permaneció en silencio. Lucien continuó: —Y respecto a la nobleza... Hizo una mueca. —He vivido con nobles toda mi vida. —Eso resulta ser bastante diferente de gobernarlos. • • • Darian sonrió apenas. —Muchísimo. —Usted ha hecho ambas cosas. —He peleado y he discutido con nobles. —No estoy seguro de cuál es peor.

Lucien rio. Después volvió a ponerse serio. —Por eso quería pedirle que... Pausa. —de vez en cuando, si tengo una duda... —militar o política... —me permita pedirle consejo. Darian lo observó. —No quiero que gobierne Arthel por mí. —Ni pretendo copiar su reino. —Solo... Lucien buscó la palabra. —agradecería otra perspectiva. • • • Darian no necesitó demasiado tiempo. —Si puedo ayudarlo, lo haré. Lucien levantó ligeramente las cejas. —¿Así de sencillo? —Sí. Pausa. —Pero una cosa. —¿Cuál? —Mis consejos no son órdenes.

—Arthel es suyo. —Tiene otras leyes. —Otra historia. —Otros problemas. —Puedo decirle qué hice yo. —Qué funcionó. —Qué salió mal. —Y cuáles de mis decisiones casi hicieron que Dravenn sufriera un colapso. Lucien sonrió. —Eso último parece especialmente útil. —Hay una lista. • • • Darian se reclinó. —Y le recomiendo no llamar idiotas e incompetentes a sus nobles demasiado seguido. Lucien se quedó callado. Después empezó a reír. —¿Demasiado seguido? —La frecuencia importa. —Entonces no recomienda prohibirlo completamente. Darian pensó. —Hay ocasiones excepcionales. • • •

Una voz apareció desde la puerta. —No le hagas caso. Darian cerró los ojos. Aveline entró. Lucien sonrió. —Llegó la supervisión. —Exactamente. Aveline miró a Darian. —¿Le estás enseñando a insultar nobles? —Le estoy enseñando a no hacerlo. —Dijiste “demasiado seguido”. —Estoy progresando. Aveline cruzó los brazos. —Te han regañado por eso suficientes veces como para haber aprendido. Darian miró a Lucien. —¿Ve? —¿Quiénes lo regañaron? Darian empezó a contar con los dedos. —Dravenn. —Arvek. —Varios juristas. —Aveline. Pausa.

—Aveline otra vez. Ella: —Y volveré a hacerlo. • • • Lucien rio. —Entonces aceptaré sus consejos. Miró a Aveline. —Después quizá pregunte si ella está de acuerdo. Darian: —No. Aveline: —Excelente idea. —No. Lucien se levantó. —Ya empezamos muy bien. Darian negó lentamente. —Empiezo a arrepentirme. • • • Aveline señaló hacia el corredor. —Las familias están esperando. Lucien levantó una ceja. —¿Ya llegó mi madre? —Hace rato.

—Entonces debemos irnos antes de que Lio decida empezar a comer sin nosotros. Aveline guardó silencio. Darian la miró. —Ya empezó. —Un poco. —¿Cuánto es un poco? —Preguntó si la comida también estaba esperando a que los juristas terminaran de discutir. Darian suspiró. —Definitivamente es mi hijo. • • • La comida se celebró en un salón privado. Nada de ministros. Nada de delegaciones. Nada de escribas registrando cada palabra. Por parte de Arthel estaban Lucien, Elyra y la reina madre. Por parte de la familia de Darian: Darian. Aveline. Lio. Una silla vacía se había dejado inicialmente junto a Lio. Lucien la señaló. —¿Esperamos a alguien?

Darian miró la silla. —Varkhaz dijo que quizá vendría. Lucien palideció apenas. —¿El dragón se sienta a la mesa? Lio: —Cuando cabe. Silencio. Elyra empezó a reír. • • • Finalmente Varkhaz decidió no aparecer. Según Lio: —Dijo que las reuniones familiares humanas eran demasiado peligrosas. Darian: —Por una vez estamos de acuerdo. • • • La conversación comenzó con asuntos normales. Comida. El viaje. La capital. La boda. La reina madre felicitó formalmente a Darian y Aveline. Aveline agradeció. Lio explicó, con mucha más precisión de la necesaria, cuáles postres consideraba indispensables para la ceremonia.

Después de un rato la conversación empezó a relajarse. Lucien había descubierto que Darian era considerablemente menos intimidante cuando estaba intentando impedir que Lio alimentara discretamente a un perro del palacio debajo de la mesa. • • • Fue entonces cuando Lucien hizo una pregunta. —Tengo curiosidad sobre una costumbre de su reino. Darian levantó una ceja. —Eso normalmente termina mal. —No necesariamente. Elyra miró a su hermano. —Cuando dices eso, normalmente sí. Lucien la ignoró. —¿Qué piensa el Reino Demoníaco sobre la poligamia? Silencio. Aveline levantó lentamente la mirada. Elyra dejó la copa. Darian miró a Lucien. —¿Por qué? —Curiosidad cultural. Elyra: —Mientes fatal. —Todavía no hice nada. —Ese “todavía” es el problema.

• • • Darian respondió. —Es legal. Lucien levantó una ceja. —¿Sin restricciones? —Con varias. —Todos los adultos involucrados deben consentir. —Deben quedar registrados los derechos patrimoniales. —Responsabilidades sobre hijos. —Herencias. —Separaciones. —Nadie puede ser obligado mediante deuda, autoridad familiar o coerción. Pausa. —La ley permite matrimonios de más de dos personas. —No importa si se trata de un hombre con varias esposas, una mujer con varios esposos o alguna otra combinación entre adultos. Lucien asintió. —Interesante. • • • Darian continuó: —Eso no significa que sea común. —¿No? —No.

Aveline sonrió. —Mantener una relación entre dos personas ya requiere suficiente trabajo. Darian: —Especialmente cuando una de ellas insiste en que dejes documentos sobre la mesa. Aveline: —Porque esta es una mesa para comer. —También sirve para documentos. —No durante la cena. Lucien sonrió. —Comprendo el argumento. • • • Darian retomó. —Existen matrimonios múltiples. —Pero son una minoría. —Hay que coordinar hogares. —Dinero. —Tiempo. —Responsabilidades. —Herencia. Pausa. —Y sentimientos humanos o demoníacos, que tienden a ser bastante menos ordenados que cualquier ley.

—Esa es probablemente la parte más precisa. • • • Lucien se quedó pensativo. —Entonces... Darian lo miró con creciente sospecha. —¿Sí? —Legalmente, un rey podría tener varias esposas. —Sí. —O concubinas reconocidas bajo determinados acuerdos. Darian hizo una mueca. —La figura jurídica existe en algunas regiones, aunque actualmente es mucho menos común que hace siglos. Elyra entrecerró los ojos. —Lucien. Su hermano mantuvo una expresión perfectamente seria. Demasiado seria. —Majestad. Darian ya sabía que algo terrible estaba por ocurrir. —¿Sí? Lucien inclinó ligeramente la cabeza. —Teniendo en cuenta que nuestra propuesta matrimonial original ya no resulta aplicable... Elyra empezó a levantar una mano. —Lucien.

—...si Su Majestad llegara a considerar útil una concubina— —Lucien. —...Arthel podría reconsiderar la disponibilidad de mi hermana bajo una categoría diplomática distinta. GOLPE. • • • Elyra le dio un golpe en el brazo. No especialmente fuerte. Pero sí perfectamente audible. —¡ELYRA! —Te advertí. —¡Soy el rey! —Aquí eres mi hermano. Lucien se frotó el brazo. —¡ERA UNA BROMA! —Mi golpe también. —¡DOLIÓ! —Entonces funcionó. • • • Durante dos segundos nadie dijo nada. Después Aveline se llevó una mano a la boca. La reina madre cerró lentamente los ojos. Darian miró a Lucien. Después a Elyra.

Después otra vez a Lucien. —Por razones diplomáticas... Pausa. —y de supervivencia personal... —rechazo nuevamente la propuesta. Elyra: —Gracias. Aveline: —Apoyo la decisión. Lucien: —¡NO ERA UNA PROPUESTA REAL! Darian: —Eso mejora considerablemente nuestra relación diplomática. • • • Lio levantó la mano. —Tengo una pregunta. Todos los adultos lo miraron. —¿Qué es una concubina? Silencio absoluto. Lucien dejó de frotarse el brazo. Elyra sonrió lentamente. Darian miró al rey de Arthel. —Tú empezaste.

Lucien levantó ambas manos. —No. —Definitivamente no. Aveline: —Majestad Lucien, estamos esperando su explicación. —No pienso explicar esto al hijo de Darian. Lio: —Tengo diez años. —Eso no ayuda. • • • La reina madre miró a su hijo. —Lucien. —Madre. —Cuando regresemos a Arthel tendremos una conversación sobre la conveniencia de ofrecer a tu hermana como concubina durante una visita oficial. —¡ERA UNA BROMA! —Entonces será una conversación breve. Elyra sonrió satisfecha. —Gracias, madre. Lucien la señaló. —Tú me golpeaste. —También podemos hablar de eso. La reina madre miró a Elyra.

—No vuelvas a golpear al rey durante una cena diplomática. Pausa. —Espera a que termine. Elyra abrió los ojos. Lucien: —¡MADRE! • • • Aveline perdió finalmente la compostura. Empezó a reír. Darian intentó mantener una expresión seria. Fracasó poco después. Incluso Lio terminó riendo sin comprender por completo qué había ocurrido. • • • Cuando la conversación recuperó algo parecido a la dignidad, Lucien miró a Darian. —Creo que necesito modificar mi solicitud anterior. Darian: —¿Cuál? —Seguiré pidiéndole consejos políticos. Pausa. —Pero no aceptaré sugerencias sobre reuniones familiares. Darian miró alrededor de la mesa. —Eso probablemente sea prudente.

Elyra: —Primer buen consejo de la noche. • • • La cena continuó. No como una cumbre. No como una negociación. No como el encuentro entre dos Estados que apenas dos años antes habían estado en guerra. Solo como dos familias. Una formada por sangre. Otra en gran medida por elección. Y ambas suficientemente cómodas como para permitir que un rey hiciera una broma terrible... y que su hermana le recordara inmediatamente que una corona no protegía del castigo familiar. • • • Horas más tarde, Lucien salió a uno de los balcones interiores. Desde allí todavía podía verse parte de la plaza. La estatua de Azrhael. El muro. Los últimos comerciantes cerrando puestos. La vida normal de la ciudad. Darian se acercó. Durante unos instantes ninguno habló.

—Gracias por aceptar que pueda escribirle. —Cuando quiera. —Probablemente me arrepienta de algunos de sus consejos. —Yo también me arrepiento de algunos. Lucien sonrió. Después miró hacia la ciudad. —En Cargadrath me dijo que no me escondiera. —Sí. —Hoy entendí mejor lo que quería decir. Darian esperó. Lucien señaló la plaza. —No necesito convertirme en usted. —No. —Pero necesito que mi pueblo vuelva a saber quién soy... Pausa. —sin que un noble tenga que explicárselo primero. Darian sonrió apenas. —Ese me parece un buen comienzo. • • • Lucien asintió. Después giró. —Y no llamaré idiotas a mis nobles. Darian:

—Excelente. —Por ahora. Darian lo miró. Lucien sonrió. —Estoy aprendiendo. —Eso es exactamente lo que me preocupa. • • • En otra parte del palacio, Elyra guardaba nuevamente el viejo vale ferroviario. Aveline lo había reconocido. Darian conocía la verdad. Lucien no pensaba permitirle olvidar jamás el apodo. Y dentro de poco más de un mes volvería a aquella ciudad para una boda. Esta vez no como Lysa. No como refugiada. No como empleada temporal. Sino como Elyra de Arthel. Aunque, para su desgracia... era bastante evidente que en aquel reino siempre habría al menos algunas personas que también recordarían a la princesa de los números. • • • Y afuera, en las calles de la capital, la noticia continuaba pasando de persona en persona. El vigésimo tercer día del próximo mes.

La boda de Aveline. Una fecha que algunos celebrarían por cariño. Otros por curiosidad. Otros porque Lio había prometido comida sin consultar completamente el presupuesto. Pero por primera vez desde que ambos reinos habían dejado de luchar... una multitud de humanos y demonios se preparaba para reunirse no para negociar una tregua. No para enterrar muertos. No para discutir fronteras. Sino para celebrar algo que ninguno de los dos pueblos había podido ordenar. Una elección. FIN DEL CAPÍTULO LXVI