Capítulo X
La noche en que todo cayó
El primer golpe contra la puerta inferior hizo vibrar el piso.
El segundo eliminó cualquier duda.
"Nos vamos", dijo Santiago.
El ataque fue rápido, confuso y mucho menos limpio que los entrenamientos de Alekséi.
No hubo tiempo para sentirse preparado.
No hubo una voz que anunciara el fin del ejercicio.
Solo oscuridad, ruido y personas que realmente querían matarlos.
Santiago funcionó por fragmentos.
Ximena detrás.
Nikolai a su lado.
Escaleras.
Un corredor.
Un sonido seco demasiado cerca.
Después Nikolai lo empujó.
Santiago chocó contra una pared.
Su hermano tambaleó.
Al principio no entendió.
Después vio sangre.
"No."
Nikolai cayó de rodillas.
Santiago lo sostuvo.
"Nikolai."
No respondió.
El entrenamiento desapareció.
Sun Tzu, Clausewitz, Maquiavelo, todo se volvió irrelevante frente al cuerpo de su hermano perdiendo fuerza.
Ximena tomó el rostro de Santiago entre las manos.
"Mírame."
Él no reaccionó.
"¡Santiago! Si quieres que viva, necesito que vuelvas."
La palabra atravesó el pánico.
Volver.
Pensar.
Respirar.
Santiago cerró los ojos un segundo.
Cuando los abrió, seguía aterrorizado, pero era funcional.
Entre él y Ximena consiguieron sacar a Nikolai.
En medio del caos, el ruso recuperó apenas la conciencia.
"¿La chica...?"
"Está aquí", respondió Santiago.
Nikolai intentó sonreír.
"Sabía que era por ella."
"Cállate."
Lograron llegar a la calle y detener un vehículo conducido por un hombre que apenas comprendía lo que ocurría. Una sola palabra bastó:
"Hospital."
Horas después, un médico dijo:
"Estable, pero crítico."
Santiago se sentó con las manos todavía manchadas de sangre seca.
"Fue por mí."
Ximena negó.
"No empieces."
"Él no debía estar allí."
"Tomó su decisión."
"No sabía la verdad."
"Tú tampoco sabías que atacarían."
Santiago apretó la mandíbula.
"Debí saberlo."
Ximena lo miró.
"Eso es exactamente lo que Mikhail te enseñó que no hicieras. Convertir información incompleta en certeza."
Cuando le permitieron entrar, Nikolai estaba inconsciente entre máquinas.
Santiago tomó su mano.
"Viniste porque pensabas que iba a ver a una chica. Idiota."
Silencio.
"No debiste venir."
Negó.
"No. Yo debí decirte la verdad."
Su voz se quebró.
"No me hagas perderte también."
Al salir encontró a Ximena frente a una computadora.
Noticias fragmentarias llegaban desde Rusia.
Incendios.
Interrupciones en empresas.
Propiedades atacadas.
Ejecutivos desaparecidos.
Santiago llamó a Mikhail.
Nada.
Dmitri.
Nada.
Yelena.
Nada.
Anastasia.
Alguien respondió.
Una voz masculina desconocida.
"¿Quién habla?"
Santiago colgó.
Después llamó a contactos secundarios.
Uno terminó diciendo:
"Santiago, no regreses."
"¿Qué pasó?"
Silencio.
"La casa."
Santiago dejó de respirar.
"¿Mikhail?"
No hubo respuesta.
"¿Yelena? ¿Dmitri? ¿Anastasia?"
La llamada terminó.
Santiago miró a Ximena.
"Estambul no era el ataque principal."
Ella no respondió.
"Éramos una pieza."
Severny comenzó a ocupar posiciones casi inmediatamente.
Contratos.
Activos.
Personas.
Todo aquello que Ximena había visto preparado.
Santiago dijo un solo nombre:
"Viktor."
Esta vez ya no sonó como hipótesis.
En Rusia, Viktor recibió un informe incompleto.
Reyes eliminado.
Nikolai eliminado.
La mujer también.
Viktor no celebró.
Guardó una fotografía antigua de él y Mikhail en un cajón.
Después siguió con el plan.
En Estambul, Santiago abrió la libreta.
Escribió:
"Nikolai vive." "Ximena vive."
"Yo vivo."
Y debajo:
"Viktor cree que no."
Ximena observó.
"Tenemos que desaparecer."
Santiago miró hacia la habitación de Nikolai.
"Oficialmente."
"Sí."
Tres muertos en papel.
Tres supervivientes en realidad.
Santiago cerró el cuaderno.
Por primera vez desde el ataque, la mirada dejó de estar perdida.
"Viktor acaba de cometer el primer error de su nueva vida."
Ximena preguntó:
"¿Cuál?"
"Creer que nos mató."