Capítulo XI
Los hombres que sobreviven
Durante tres días, Santiago midió el mundo con una sola frase:
Nikolai sigue vivo.
Los médicos empezaron a hablar de recuperación posible. Larga. Incierta. Pero posible.
Al mismo tiempo, otro problema se hizo evidente.
Todo lo que Santiago tenía pertenecía directa o indirectamente al mundo Volkov.
Dinero.
Contactos.
Propiedades.
Protección.
Cualquier recurso podía estar vigilado o comprometido.
Ximena fue directa.
"Necesitamos empezar otra vez."
Santiago encontró la primera puerta en una vieja nota escrita años atrás.
"Kemal Demir. Turquía. Nikolai: si alguna vez necesitas resolver algo complicado, busca al viejo Kemal. Pero nunca le debes un favor pequeño."
Ximena leyó.
"Eso parece una recomendación terrible."
"Es de Nikolai."
"Entonces definitivamente lo es."
Kemal aceptó recibirlos en la planta superior de un restaurante.
Tenía poco más de cincuenta años, traje sencillo y la clase de calma que Santiago había aprendido a respetar.
Su primera pregunta fue: "¿Nikolai está vivo?"
Santiago no respondió.
Kemal sonrió.
"Entonces sí."
No pertenecía a la estructura Volkov. Conocía a Nikolai, había tratado indirectamente con Mikhail y no parecía sentir lealtad por Viktor.
Era suficiente para escuchar.
"Necesitas dinero, protección y un lugar donde esconder a Nikolai", resumió Kemal.
"Sí."
"¿Qué me das?"
Santiago esperaba una deuda.
Kemal pidió algo distinto.
"Mira mi organización."
Kara Hilal había crecido demasiado alrededor de su fundador. Decisiones pequeñas y grandes terminaban en Kemal. Si desaparecía, la estructura podía fracturarse.
Santiago entendió porque acababa de ver una versión más trágica del mismo problema.
"No tiene una organización", dijo días después, frente a varios hombres de Kemal. "Tiene cientos de personas esperando que usted les diga qué hacer."
El silencio fue peligroso.
Kemal preguntó:
"¿Eso es autoridad?"
"Eso es dependencia."
Ximena complementó el análisis. Identificó responsabilidades duplicadas, información que no circulaba y puestos sostenidos por antigüedad antes que por capacidad.
Kemal empezó a tomarlos en serio.
El acuerdo nació gradualmente.
Protección temporal.
Recursos limitados.
Contactos separados de Rusia.
A cambio, Santiago y Ximena ayudarían a que Kara Hilal pudiera funcionar sin depender de una sola persona.
Kemal puso una condición:
"No te daré mis hombres."
Santiago respondió:
"No los quiero."
"¿No?"
"Si me das gente leal a ti, siempre será tu gente. Necesito encontrar la mía."
Kemal sonrió.
"Entonces estamos de acuerdo."
Santiago añadió:
"No trabajaré para usted."
Kemal soltó una carcajada.
"No necesito otro hombre trabajando para mí."
Santiago estrechó su mano.
"Qué coincidencia. Yo tampoco necesito otro jefe."
Mientras tanto, Nikolai despertó.
Sus primeras palabras apenas fueron un murmullo.
Miró a Santiago.
Después a Ximena.
"La chica..."
Ximena empezó a reír y llorar a la vez.
Santiago inclinó la cabeza.
"Sí. Tenías razón."
La noticia sobre la familia llegó después, fragmentaria y cruel.
Todo indicaba que Mikhail y Yelena habían muerto. Dmitri y Anastasia seguían sin confirmación fiable.
Nikolai escuchó en silencio.
Después dijo:
"Viktor."
"Todo apunta a él."
Nikolai cerró los ojos.
"Estuvo en mis cumpleaños. Me enseñó a conducir."
Una lágrima bajó hacia la almohada.
"Haz que lo sienta él."
Santiago no respondió con una promesa de sangre.
Todavía no.
Aquella noche escribió cuatro reglas para lo que fuera a construir:
"No depender de una sola persona."
"Capacidad antes que apellido."
"La lealtad no elimina el derecho a cuestionar."
"Nadie debe ser indispensable."
Ximena leyó.
"Eso te incluye."
"Especialmente a mí."
Por primera vez, Santiago dejó de pensar únicamente en reconstruir lo que Mikhail había perdido.
Empezó a imaginar algo que pudiera sobrevivir incluso a su fundador.