Capítulo XXXIV
El precio de la confianza
Ximena no levantó la voz.
Santiago habría preferido que lo hiciera.
Estaban en la biblioteca de Santa Aurelia. Nikolai se había quedado cerca. Samir esperaba
fuera porque Ximena había pedido hablar primero.
Santiago acababa de terminar de contarle lo ocurrido con Orlov y Ekaterina.
La verdadera identidad revelada.
Rafael.
Gabriel.
Nikolai vivo.
Mikhail.
Los cuatro disparos.
Ximena permaneció varios segundos mirando la mesa.
—¿Terminaste?
—Sí.
—¿Seguro?
Santiago entendió la pregunta.
—Sí.
Ella levantó la mirada.
—Adrián Valdés no era solamente tu mentira.
Santiago permaneció callado.
—Yo construí esa identidad contigo.
—Lo sé.
—Gabriel aceptó una función basándose en reglas que diseñamos juntos.
—Lo sé.
—Samir protege personas cuyo riesgo cambia cuando tú revelas cosas.
—Lo sé.
Ximena se inclinó.
—Entonces deja de responder "lo sé" como si saberlo después arreglara algo.
Santiago aceptó el golpe. —Tienes razón.
—No estoy enfadada porque hayas confiado en Orlov.
Pausa.
—Ni porque hayas confiado en Ekaterina.
Santiago levantó ligeramente los ojos.
—Estoy enfadada porque decidiste que el riesgo era solamente tuyo.
Silencio.
—Otra vez.
La última palabra pesó más.
Santiago respiró.
—Pensé que si algo salía mal—
—Tú cargarías con ello.
—Sí.
—Exactamente.
Ximena se levantó.
—Siempre crees que protegernos significa cargar tú primero.
—No siempre.
Ella lo miró.
Santiago corrigió:
—Demasiado seguido.
—Mejor.
Nikolai entró después.
No estaba enfadado por la revelación a Orlov.
Estaba molesto por otra cosa.
—Hablaste con él de Mikhail sin mí.
Santiago frunció el ceño.
—No sabía que iba a hablar de él.
—No digo que lo planearas.
Nikolai apoyó el bastón contra una silla.
—Solo digo que la próxima vez que Orlov tenga algo sobre nuestra familia, quiero estar.
Santiago asintió inmediatamente. —Juntos.
—Juntos.
No necesitaron más.
Samir fue menos emocional.
Eso no significaba que estuviera contento.
—Cambiaste el riesgo sin avisar.
—Sí.
—La próxima vez necesito saberlo antes.
—Sí.
Samir lo observó.
—No estoy pidiendo detalles personales.
—Lo sé.
—Estoy pidiendo probabilidades.
Santiago levantó una ceja.
—Eso suena a Ximena.
—Ella habla demasiado.
Desde la puerta, Ximena respondió:
—Te escuché.
Samir ni siquiera giró.
—Era la intención.
Nikolai empezó a reír.
El ambiente cedió apenas.
Más tarde, Ximena y Santiago quedaron solos.
Ella había tenido tiempo para enfriarse.
Santiago no intentó evitar la conversación.
—Lo siento.
Ximena continuó ordenando documentos.
—¿Por qué parte?
—Por creer que hacer lo correcto justificaba hacerlo sin ustedes.
Ella se detuvo. —Eso está mejor.
Santiago esperó.
Ximena finalmente lo miró.
—Hacer lo correcto no significa hacerlo bien.
—Lo sé.
Ella levantó una ceja.
Santiago sonrió.
—Estoy aprendiendo.
—Espero.
Pausa.
—Y deja de convertir protegernos en otra forma de cargar todo solo.
Santiago asintió.
—De acuerdo.
—No quiero promesas perfectas.
—¿Qué quieres?
—Que la próxima vez preguntes quién más tiene derecho a decidir.
Santiago escribió mentalmente la frase.
Orlov llamó aquella noche.
—Quiero conocer a Ximena Mei Liang.
Santiago miró hacia ella.
Ximena escuchó el nombre desde la otra punta de la mesa.
—¿Por qué?
—Porque si la mitad de lo que me contaste es cierto, es la razón por la que todavía no te
has destruido administrativamente.
Ximena levantó una ceja.
Santiago respondió:
—Eso es ofensivo.
—¿Es falso?
Santiago miró a Ximena.
Ella sonrió.
—No. Orlov rió.
—Entonces quiero conocerla.
—Eventualmente.
Ximena golpeó suavemente la mesa.
—No uses esa palabra.
Konstantin escuchó.
—Me cae bien.
—Todavía no la conoces.
—Precisamente.
Aquella noche Santiago abrió su cuaderno.
Escribió:
"No proteger a la familia excluyéndola del riesgo."
Debajo:
"La confianza no consiste en contar todo. Consiste en no decidir solo qué tienen
derecho a saber los demás cuando las consecuencias también les pertenecen."
Se quedó mirando la frase.
Era demasiado larga para una regla.
Ximena habría criticado eso.
Santiago sonrió y la dejó igual.
Por primera vez empezaba a comprender que la Casa Reykov no se fortalecía porque todos
confiaran ciegamente en él.
Se fortalecía porque podían decirle que estaba equivocado y permanecer en la mesa
después.