Capítulo VI
La segunda silla
Liu Chen había trabajado años atrás como asesor alrededor de las empresas de Liang Wei.
Encontrarlo tomó semanas.
Convencerlo de hablar tomó más.
La reunión ocurrió en un pequeño restaurante donde Liu eligió una mesa desde la cual podía ver la entrada.
Ximena lo notó.
Santiago también.
Liu no negó conocer al padre de ella.
Tampoco negó que hubiera ocurrido algo antes de su muerte.
"Liang descubrió movimientos internos que no entendía al principio. Después entendió demasiado."
Ximena permaneció inmóvil.
"¿Quién?"
Liu negó.
"No lo sé completo."
"Pero sabe algo."
"Sé que le dijeron que dejara de buscar."
Santiago intervino:
"¿Y usted?"
Liu lo miró.
"Yo dejé de buscar."
"¿Por miedo?"
"Por supervivencia. A veces son lo mismo."
Antes de marcharse les dio la ubicación de un antiguo archivo corporativo.
Allí encontraron la primera prueba sólida: documentos con la firma de Liang Wei procesados semanas después de su muerte.
Ximena permaneció mucho tiempo mirando la copia.
Santiago no intentó decir que todo estaría bien.
Había aprendido algo.
A veces acompañar era suficiente.
Mikhail viajó a China poco después.
Oficialmente por negocios.
Nikolai escribió a Santiago:
"Papá dice que es por negocios. Mamá dice que va a conocerte a la novia. Yo confío en mamá."
Santiago respondió con una sola palabra que no podía reproducirse delante de Yelena.
Mikhail conoció a Ximena durante una cena.
La observó casi tanto como ella a él.
Después pidió hablar con ella a solas.
Santiago no supo lo ocurrido hasta mucho después.
Mikhail le dijo:
"Santiago tiene una costumbre peligrosa. Cuando decide que alguien le importa, empieza a creer que debe protegerlo de todo."
Ximena sonrió ligeramente.
"Ya me di cuenta."
"No permitas que confunda protección con control."
"No pensaba hacerlo."
Mikhail asintió.
"Bien."
Después añadió:
"Y no confundas gratitud con lealtad. Si algún día decides quedarte a su lado, que sea porque lo elegiste. No porque creas que le debes algo."
Ximena lo miró con respeto nuevo.
"¿Por qué me dice esto?"
Mikhail respondió: "Porque necesita personas que le digan que está equivocado cuando todos los demás tengan miedo de hacerlo."
Antes de regresar a Rusia, Mikhail dejó a Ximena dos cosas.
Contactos con asesores legales independientes.
Y un nombre en Moscú.
"No es un trabajo", aclaró. "Es una puerta."
La colaboración entre Santiago y Ximena comenzó a ser natural.
En una reunión empresarial, ella detectó que tres propuestas aparentemente diferentes dependían de la misma empresa matriz. Santiago identificó que el representante más agresivo de la mesa no era quien realmente decidía.
Separaron el problema.
Ella encontró la estructura.
Él encontró la voluntad.
Mikhail lo vio.
Después, mientras regresaban al hotel, dijo:
"No intentes ser mejor que ella en lo que ella hace."
Santiago levantó una ceja.
"No pensaba."
"Mientes mal."
"Estoy trabajando en eso."
Mikhail sonrió.
"Un líder que necesita ser el mejor en todo termina rodeándose de personas mediocres."
Otra frase para el cuaderno.
Cuando llegó el momento de regresar a Rusia, Ximena llevó a Santiago al aeropuerto.
Le entregó un cuaderno negro nuevo.
"El tuyo está muriendo."
"Tiene carácter."
"Tiene páginas cayéndose."
En la primera hoja Ximena había escrito:
"Los datos explican lo que pasó. Las personas explican por qué. Nunca ignores ninguno."
Santiago la leyó dos veces.
Después escribió debajo:
"Ximena Mei Liang. No protegida."
Ximena lo miró.
Santiago tachó las dos últimas palabras.
Escribió:
"Aliada."
Ella sonrió.
En el momento de despedirse, Santiago dijo:
"Mei."
Era la primera vez que la llamaba así estando solos.
Ximena levantó la mirada.
"Si necesitas algo..."
"Te llamaré."
"Aunque sea de madrugada."
"Sobre todo para molestarte."
"Socios."
"Temporalmente."
Ambos sabían que probablemente era mentira.
Años después, cuando todos los demás discutieran quién tenía derecho a sentarse junto a Santiago, nadie recordaría el momento exacto en que Ximena ganó esa silla.
Porque nunca se la dieron.
Simplemente empezó a ocuparla.