Casa Reykov

Un lugar en la mesa

Capítulo VII

Un lugar en la mesa

Volver a Moscú fue diferente a llegar por primera vez.

La primera vez Santiago había bajado de un avión sin saber si tendría dónde dormir.

Ahora, cuando cruzó la puerta de la residencia Volkov, Yelena lo abrazó antes de que pudiera dejar la maleta.

Nikolai apareció detrás y lo golpeó amistosamente en el hombro.

"Por fin."

Dmitri se acercó después.

Santiago esperaba el habitual apretón de manos.

Recibió un abrazo breve.

Incómodo.

Rápido.

Pero real.

Mikhail fue el último.

"Bienvenido a casa."

La frase hizo que Santiago tardara un segundo demasiado largo en responder.

"Gracias."

Durante los días siguientes, China se convirtió en motivo de burla familiar.

Nikolai preguntaba por Ximena con demasiada frecuencia.

Anastasia quería saber si era tan inteligente como Santiago decía.

Dmitri simplemente observaba las reacciones de su hermano adoptivo.

Mikhail no bromeaba.

Había visto algo más importante.

Santiago había cambiado.

Lo comprobó cuando lo puso a trabajar junto a Dmitri en una disputa entre dos compañías relacionadas con la familia.

Dmitri quería decidir rápido.

Santiago quería comprender por qué dos directivos que llevaban años colaborando de pronto parecían incapaces de ponerse de acuerdo.

Descubrió que el problema no era financiero.

Era prestigio.

Uno de los hombres sentía que una reorganización lo relegaba públicamente.

Santiago lo identificó.

Dmitri diseñó una solución que permitió resolverlo sin alterar el funcionamiento operativo.

Cuando salieron, Dmitri dijo:

"Funcionamos bien."

Santiago sonrió.

"No te acostumbres."

"Tranquilo. Sigues siendo molesto."

La relación dejó de ser tolerancia.

Se estaba convirtiendo en hermandad.

Mikhail aumentó las responsabilidades de Santiago.

En una reunión de expansión, varios directivos propusieron entrar simultáneamente en nuevos mercados de Europa Central.

Santiago pidió limitar el movimiento.

"Tenemos recursos."

"Napoleón también tenía recursos", respondió.

Nikolai soltó una risa desde el fondo.

Santiago continuó:

"El problema no es cuánto puedes alcanzar. Es cuánto puedes sostener cuando aparecen problemas en varios lugares al mismo tiempo."

La propuesta se redujo.

No por miedo.

Por disciplina.

A medida que Santiago ganaba influencia, personas externas empezaron a tratarlo como representante de Mikhail incluso cuando no tenía autoridad para decidir.

Eso lo incomodaba.

"Poder prestado", escribió.

Viktor leyó la frase durante una conversación en la biblioteca.

"¿Qué significa?"

"Que si la gente me escucha solo porque cree que hablo por Mikhail, no tengo poder propio."

Viktor sonrió.

"¿Y cómo conviertes poder prestado en poder tuyo?"

Santiago cerró el cuaderno.

"No lo sé todavía."

"Construyendo una idea."

Viktor caminó hacia los estantes.

"Una organización puede obedecer a un apellido. Un imperio obedece a una idea."

Santiago pensó en ello.

Después escribió:

"Influencia no es legitimidad."

Ximena, desde China, añadió otra capa cuando hablaron esa noche.

"Las reglas tienen que sobrevivir al líder."

"Eso suena poco romántico."

"Las estructuras no tienen obligación de ser románticas."

El aniversario de una de las empresas principales de la familia reunió a socios, empleados y aliados.

Santiago esperaba una cena larga.

Mikhail había preparado otra cosa.

Al final de la noche pidió silencio.

Yelena ya sabía.

Anastasia también.

Dmitri parecía serio.

Nikolai sonreía como si llevara días esperando el momento.

Mikhail hizo que Santiago se colocara a su lado. "Hace años un muchacho mexicano llegó a Rusia sin nada que perteneciera a esta casa."

Santiago sintió que demasiadas personas lo miraban.

"Trabajó. Aprendió. Discutió demasiado."

Nikolai murmuró:

"Eso sí."

Yelena le dio un golpe en el brazo.

Mikhail continuó:

"La sangre da parientes. La lealtad decide familia."

Después miró directamente a Santiago.

"Desde hoy, para esta casa y para cualquiera que respete mi palabra, este hombre es Santiago Mijáilovich Volkov Reyes."

Santiago dejó de escuchar durante un segundo.

Mijáilovich.

Hijo de Mikhail.

No por sangre.

Por elección.

Yelena fue la primera en abrazarlo.

Nikolai después.

Anastasia.

Dmitri permaneció frente a él.

Santiago no sabía qué esperar.

Dmitri extendió la mano.

Después la retiró y lo abrazó.

"Bienvenido oficialmente, hermano."

Santiago cerró los ojos.

Durante años había pensado que regresar a México era la única forma de volver a tener un hogar.

Esa noche entendió que estaba equivocado.

Al otro extremo del salón, Viktor observó.

No a Mikhail.

A Santiago.

Horas después, cuando estuvo solo, escribió cuatro nombres:

Dmitri.

Nikolai.

Anastasia.

Santiago.

Y subrayó el último.