Casa Reykov

Las primeras grietas

Capítulo VIII

Las primeras grietas

Las grandes estructuras rara vez anuncian el momento exacto en que empiezan a romperse.

La primera grieta pareció insignificante.

Un socio histórico de transporte redujo operaciones con empresas Volkov casi treinta por ciento.

La explicación fue vaga: nueva dirección estratégica.

Después tres clientes antiguos retrasaron pagos a compañías de la familia mientras mantenían sus obligaciones con otras empresas.

Dmitri lo llamó coincidencia.

Anastasia, prudencia de mercado.

Santiago no quiso llamarlo nada todavía.

Mikhail aprobó.

"¿Qué sabemos?"

"Que están ocurriendo cambios."

"¿Qué creemos?"

"Que podrían estar relacionados."

"Bien. No confundas ambos."

Ximena recibió parte de la información desde China.

Su respuesta llegó varias horas después.

"No mires solo quién se va. Mira dónde termina."

Uno de los socios que redujo operaciones apareció poco después trabajando con un grupo relativamente nuevo:

Severny Alliance.

La organización había crecido con velocidad extraordinaria en distintos sectores.

Anastasia revisó números. "No están creciendo solo con beneficios. Hay capital externo. Mucho."

Ximena encontró otra anomalía.

Al menos siete administradores y especialistas vinculados ahora con Severny habían trabajado antes en empresas cercanas a la esfera Volkov.

Por separado no significaba nada.

Juntos empezaban a formar patrón.

Mikhail reunió a sus hijos y a Santiago.

Viktor estaba fuera de Rusia.

Dmitri quería responder agresivamente.

Santiago pidió tiempo.

"Si reaccionamos sin saber qué buscan, pueden obligarnos a gastar recursos en el conflicto que ellos elijan."

Nikolai miró a Mikhail.

"Suena como tú."

Mikhail respondió:

"Eso me preocupa."

Cuando Viktor regresó, no ocultó conocer Severny.

"Me buscaron hace meses. Querían explorar negocios. Rechacé."

También mencionó fondos de inversión que respaldaban parte de su crecimiento.

Ximena verificó los nombres.

Eran legítimos.

Santiago se lo dijo a Viktor directamente.

"Revisé lo que me dijiste."

Viktor no se ofendió.

Al contrario.

"Bien."

"¿Bien?"

"La confianza no consiste en cerrar los ojos."

Viktor sonrió.

"Confía. Pero nunca conviertas confianza en ceguera."

La frase habría sido sabia en boca de cualquier otro hombre.

En la suya, años después, sería monstruosa.

Las grietas continuaron.

Pequeñas.

Ninguna suficiente para justificar una guerra.

Durante otra reunión, Dmitri insistió en que Severny debía recibir una respuesta inmediata.

Santiago se opuso.

Mikhail preguntó a Viktor.

Viktor apoyó a Santiago.

"Primero averigüemos qué clase de conflicto es."

Eso redujo todavía más las sospechas.

Hasta que Ximena encontró un detalle.

Un evento empresarial en San Petersburgo, once meses atrás.

Entre los asistentes aparecía Viktor Sokolov.

También varias personas relacionadas indirectamente con inversionistas de Severny.

Santiago miró el registro durante mucho tiempo.

"No prueba nada."

"No", respondió Ximena.

"Puede ser coincidencia."

"Puede."

"Viktor asiste a cientos de eventos."

"Sí."

Santiago sabía lo que ella estaba haciendo.

Negándose a empujarlo hacia una conclusión.

Escribió en su cuaderno:

HECHOS:

"Viktor conoce Severny."

"Asistió a un evento donde había personas relacionadas con sus inversionistas."

"Sus afirmaciones sobre los fondos fueron correctas."

Después:

"Nada demuestra una relación indebida."

Debajo escribió: "HIPÓTESIS: ninguna todavía."

Ximena leyó la fotografía de la página que le envió.

Respondió:

"Bien."

Aquella noche Dmitri entró a la biblioteca y encontró a Santiago cerrando el cuaderno.

"¿Algo importante?"

Santiago pensó en contárselo.

No lo hizo.

No porque no confiara en su hermano.

Porque la evidencia era demasiado débil para introducir una sospecha que podía fracturar a la familia.

"Nada todavía."

Dmitri asintió.

Sacó el tablero de ajedrez.

"Entonces pierde conmigo."

Santiago sonrió.

"Eso no va a pasar."

Dos horas después había perdido.

Mientras los dos hermanos discutían sobre una jugada absurda, ninguna de las personas dentro de aquella casa sabía que la partida importante llevaba años desarrollándose alrededor de ellos.

Y el hombre que había colocado la mayoría de las piezas todavía se sentaba a su mesa como un amigo.