El rey demonio y la heroina

VOLVER

Capítulo XII

VOLVER

El hospital de Asterhal estaba lleno de soldados que habían sobrevivido y no sabían qué hacer con haber sobrevivido. Darian conoció allí a Garron Vesk, veterano sin un brazo, y a Selyra, que había perdido un ala. —Me darán una pensión —dijo Garron—. Después me olvidarán. Darian no supo responder. Meses más tarde conoció a Maelis Veyra. La ingeniera tenía el cabello recogido de cualquier manera, guantes quemados y la costumbre de hablar demasiado rápido cuando algo la emocionaba. —Las venas mágicas siguen emitiendo señal después de una amputación —explicó—. Si un cristal conductor puede leerla, podemos convertir esa señal en movimiento. Darian miró el prototipo de brazo mecánico. —¿Funciona? —A veces. —Eso no inspira confianza. —La ciencia rara vez empieza inspirándola. El primer brazo de Garron fue horrible. Pesado. Lento. Falló tres veces. En la cuarta prueba, los dedos se cerraron alrededor de una taza. Garron lloró. Maelis fingió que tenía polvo en los ojos. Darian pagó el primer prototipo con dinero personal. Solo una vez. Después prohibió que el programa dependiera de sus bolsillos. —Una prótesis que alguien jamás podrá comprar no le sirve de mucho. La línea funcional nació así: segura, reparable por herreros comunes y más barata que los modelos complejos.

Edran Vol, un carpintero veterano que nunca había servido bajo Darian, recibió una pierna de esa línea. Cuando preguntó cuánto debía devolver, la respuesta fue sencilla: —Lo que puedas sin dejar de comer.