Capítulo XIII
EL FONDO DE SERVICIO Y RETORNO
Darian odiaba la expresión “baja útil”. Sonaba a que un cuerpo podía convertirse en cifra y quedar resuelto. Así nació el Fondo de Servicio y Retorno. Primero para los soldados bajo su mando. Si morían, la familia recibía pensión. Si quedaban heridos, tratamiento y prótesis. Si ya no podían volver al ejército, capacitación gratuita para otro oficio. Nadie estaba obligado a regresar al frente para justificar la ayuda. —Una prótesis no existe para devolverlos a la guerra —dijo Darian en la primera reunión—. Existe para devolverles independencia. Dravenn apareció en su vida precisamente durante aquella discusión. Venía de una casa noble antigua, formación en la Academia Vaelor y una confianza irritante en su propia capacidad para detectar errores financieros. Leyó el proyecto y levantó la vista. —Esto quiebra en tres años. Darian frunció el ceño. —Buenos días para ti también. Dravenn empezó a señalar cifras. —Prometes obligaciones permanentes con ingresos variables. —Entonces arréglalo. —¿Perdón? —Dijiste que estaba mal. Demuestra que eres útil. Dravenn lo hizo. Reservas separadas. Fondos de inversión militar. Auditorías. Contribuciones proporcionales. Lo que comenzó como una discusión terminó convirtiéndose en una amistad que ninguno admitiría con facilidad.
Cuando Darian fue ascendido a mayor y su responsabilidad creció hasta unos seiscientos cuarenta soldados, el Fondo creció con él. No por caridad. Por obligación.