Capítulo XIV
UNA CASA QUE SEA TUYA
Los soldados de Darian empezaron a preguntar qué ocurría después de la guerra. No con el reino. Con ellos. Darian impulsó viviendas modulares de calidad uniforme, financiadas mediante créditos voluntarios descontados del salario. La propiedad pertenecía a la persona, no al puesto. Una lesión grave pausaba pagos. Si el titular moría, una reserva absorbía parte de la deuda para que la familia no perdiera la casa. Dravenn volvió a sufrir. —No puedes resolver cada problema construyendo algo. —Hasta ahora funciona sorprendentemente bien. —Ese no era un desafío. También llegaron solicitudes de gente que jamás había servido con Darian. La respuesta no fue cerrar el programa, sino crear ayuda general por necesidad y capacidad: subsidios, créditos, prótesis funcionales, rehabilitación. Los nobles podían donar. No podían escoger beneficiarios. —Si quieren reconocimiento público, se los doy —dijo Darian—. Si quieren comprar obediencia, que busquen otro lugar. Azrhael, desde la capital, empezó a recibir informes cada vez más extraños sobre aquel oficial que convertía problemas militares en instituciones civiles. No intervino. Todavía.