El rey demonio y la heroina

EL PADRE DEL FERROCARRIL

Capítulo XXII

EL PADRE DEL FERROCARRIL

Elias Verdan llegó a Velmora con planos que parecían demasiado ambiciosos incluso para Darian. —Rieles —dijo Elias—. Dos líneas de metal. Una máquina arrastra decenas de vagones. Darian miró el dibujo. —¿Sin magia de transporte? —Con ingeniería. Maelis se inclinó sobre el papel. —Podemos usar cristales para estabilizar frenado y transmisión. Elias la miró. —Sí. Pero la locomotora sigue siendo una máquina, no un hechizo. Darian levantó ambas manos. —Antes de que ustedes dos se peleen por la paternidad: cinco kilómetros. Silencio. —¿Cinco? —Prototipo. —Si funciona, seguimos. Elias protestó. —Necesitamos pensar en una red completa. —Puedes pensar todo lo que quieras. Yo solo voy a pagar primero por cinco kilómetros. La V-01 fue fea. Humeante. Ruidosa. Varkhaz la miró con desprecio. —Eso no debería moverse. La locomotora avanzó. Varkhaz pareció personalmente insultado. —La odio.

El prototipo funcionó. Y después de funcionar, dejó de ser posible imaginar Vhalyr sin rieles.