El rey demonio y la heroina

EL DÍA QUE MURIÓ DARETH

Capítulo XXXI

EL DÍA QUE MURIÓ DARETH

La primera señal de que la paz estaba terminando no fue una batalla. Fue una patrulla que no regresó. Darian recibió el informe mientras discutía impuestos sobre transporte fluvial. Doce hombres del puesto de Vaelor Este debían volver la noche anterior. —¿Radio? —No llevaban modelo de largo alcance. Patrulla rutinaria. —Entonces búsquenlos. Uno de los consejeros preguntó si debían movilizar tropas. —No voy a empezar una guerra porque doce soldados llegaron tarde. Los encontraron seis horas después. Primero un cadáver demoníaco atravesado por una flecha humana. Después otro. Luego cinco más. Tres supervivientes estaban escondidos entre rocas. —Soldados humanos —dijo uno de ellos—. Llevaban el sol de Arthel. Darian exigió confirmación antes de acusar a una corona entera. Uniformes, insignias, rutas, marcas de unidad. Todo coincidió. La respuesta diplomática de Arthel llegó dos días después: Incidente fronterizo no autorizado. Unidad actuando fuera de protocolo. Investigación interna en curso. Darian escribió una respuesta sencilla: Si actuaron sin autorización de la Corona de Arthel, entreguen al oficial responsable para investigación conjunta bajo las disposiciones del Tratado de Dareth. No entregaron a nadie. Pidieron tiempo. Después jurisdicción. Después afirmaron que quizá el oficial había muerto. Durante diez días no ocurrió nada grande. El undécimo, a las cuatro y diecisiete de la madrugada, la radio de Hareth transmitió: —Movimiento al este.

—¿Cantidad? —Grande. —Define grande. Pausa. —No puedo. Veo antorchas. Muchas. Minutos después: —¡Tropas humanas cruzando línea! —¿Cuántas? —Centenas... No. Miles. A las cinco y ocho una fortaleza dejó de responder. A las cinco y veintidós llegó el primer mensaje de evacuación civil. Hareth ardía. Kareth recibió columnas al sur. Belvar pidió confirmación de alarma general. Una vía ferroviaria fue atacada. Darian observó el mapa. —Una patrulla puede ser un incidente. Una estación puede ser un comandante idiota. Dos ataques pueden ser coordinación local. Señaló los demás puntos. —Cinco ataques simultáneos, destrucción ferroviaria y columnas cruzando en varios sectores... Eso es una decisión. Azrhael respondió: —Coincido. El Tratado de Dareth ha sido roto. La paz murió sobre una mesa. Y los humanos ganaron el primer día. Hareth cayó. Belvar también. Aldeas demoníacas fueron ocupadas. En el norte el frente retrocedió más de veinte kilómetros. El Alto Mando discutía contraataques cuando Arvek golpeó la mesa con la empuñadura de su espada. —Majestad. No debería comandar esta guerra. Varias cabezas giraron. —Estoy viejo —continuó—. Y estoy anticuado. Señaló una radio. —La última vez que llevé el peso principal de una guerra, un mensaje como los de hoy habría tardado horas. Aprendí a mover regimientos con caballos. Ahora podemos perder una ciudad y saberlo antes de que termine esta reunión.

Señaló las vías. —Yo aprendí a mover ejércitos a velocidad de caballo. Esta guerra se moverá a velocidad de tren. Miró a Darian. —Propongo que el Duque Vhalyr asuma el mando operativo del frente occidental. Darian respondió: —No. Azrhael: —Aceptado. Darian giró. —Ni siquiera lo pensaste. —Sí. —¿Cuánto? —Medio segundo. Arvek añadió: —Más de lo que esperaba. Darian exigió una condición. —Arvek se queda. El veterano aceptó como asesor principal. Entonces Darian recibió veintidós mil trescientos soldados. Y descubrió que un ejército era una colección de problemas vestidos con armadura. Los regimientos medían suministros de formas distintas. Había oficiales que necesitaban una orden literal hasta para retirarse antes de ser rodeados. Las radios estaban saturadas por mensajes absurdos. Un canal de emergencia llegó a ser usado para pedir calcetines. Ilan casi perdió la razón. —Logística es logística. Emergencias significa emergencia. Si tienen los pies mojados, sobrevivan hasta logística. Peor todavía, las casas no compartían información. Una patrulla detectó tropas humanas moviéndose hacia otro sector y no avisó porque “no correspondía a su jurisdicción”. Darian golpeó el mapa con un dedo.

—Si una información puede matar a soldados de otro comandante, deja de ser tu información. Después descubrió que existían once calibres principales de virotes. —Voy a matar a alguien. Varnek respondió: —Eso no estandarizará las ballestas. Pero el error más serio fue suyo. Darian autorizó a una brigada a aprovechar una retirada humana si el comandante mantenía enlace con reservas. El oficial, acostumbrado durante décadas a órdenes literales, interpretó libertad como permiso para perseguir. Emboscada. Noventa y dos muertos. Darian leyó los nombres. —Fue mi orden. Arvek respondió: —No puedes darle responsabilidad a alguien que nunca fue entrenado para cargarla y sorprenderte cuando la usa mal. La iniciativa también se enseña. Esa noche Darian se quedó dormido sobre el mapa. Despertó entre estrellas. Chronos lo esperaba. —Vaya problema tienes. —No puedo cambiar décadas de doctrina en días. —Entonces deja de intentarlo. Chronos mostró nombres: Cassian, Vorak, Varnek, Gareth, Sarek, oficiales de Vhalyr, ingenieros, operadores de radio. —Tienes gente que ya entiende. —No suficiente para veintidós mil. —No necesitan serlo. El mapa se dividió. —Diversifica. Divide el problema. No intentes convertir a más de veintidós mil soldados en tropas de Vhalyr de golpe. Convierte grupos enormes en algo que puedas controlar. Darian comprendió.

Chronos sonrió. —¿Quién dijo que solamente al enemigo? Después añadió una advertencia: —Divide responsabilidades. No lealtades. Darian despertó y empezó a mover fichas. Norte. Centro. Río. Ferrocarril. Reserva móvil. —No voy a dirigir veintidós mil soldados —dijo. Arvek levantó una ceja. —Voy a dirigir cinco sectores. Y ellos van a dirigir el resto. Afuera seguían llegando trenes llenos de evacuados. Los humanos seguían ocupando tierras demoníacas. Darian miró Hareth, Belvar, Merethal y el resto de las posiciones perdidas. —Primero dejamos de retroceder. Pausa. —Después recuperamos todo.