El rey demonio y la heroina

PRIMERO DEJAMOS DE RETROCEDER

Capítulo XXXII

PRIMERO DEJAMOS DE RETROCEDER

La reorganización comenzó antes del desayuno. Darian no sustituyó a todos los comandantes tradicionales. Los emparejó con gente que entendía la doctrina de Vhalyr. Darek Varesh, el coronel que había esperado demasiado antes de retirarse de un puente, recibió a Cassian Rhel como enlace. —¿Me va a supervisar? —No —dijo Darian—. Está aquí para que no tengas que preguntarme personalmente cada vez que una radio transmite algo que no entiendes. Cada sector recibió mando tradicional, enlace de Vhalyr, logística, radio e ingenieros. Varnek tomó coordinación de suministros. Ilan dividió frecuencias: estratégica, sectorial, logística, ferroviaria, médica y emergencias. —No comida. No herraduras. No mantas. No calcetines. La parte difícil era enseñar intención. —No voy a decirles dónde colocar cada compañía —explicó Darian a sus comandantes—. Voy a decirles qué necesito. Norte: no ceder más cruces hacia Velmora. Centro: impedir que las penetraciones humanas se unieran. Río: conservar puentes útiles y negar al enemigo los que no pudieran sostener. Ferrocarril: mantener abierto el corredor Asterhal-frente. Reserva: intervenir solo ante rupturas o oportunidades claras. El primer día fue malo. Solo menos malo que los anteriores. El segundo día los humanos atacaron el norte. Los exploradores alados detectaron la concentración. Vorak avisó al comandante. La reserva regional se movió por tren antes de que el enemigo terminara de desplegar. Darian recibió el informe cuando la batalla ya llevaba veinte minutos. —¿Por qué nadie me avisó antes? Cassian levantó una ceja. Darian se detuvo.

—Correcto. Horas después el ataque se retiró. El frente no se movió. Arvek miró el mapa. —La línea no se movió hoy. Darian asintió. —Eso es bueno. —Hace una semana retrocedíamos veinte kilómetros al día. Pausa. —Es muy bueno. Durante siete días la línea dejó de hundirse. Entonces Darian se negó a contraatacar de inmediato. —Tenemos trenes al límite, hospitales saturados y unidades con reservas para cuatro días. No pienso atacar porque hoy estoy de mejor humor que ayer. La primera contraofensiva no fue una batalla. Fue una carretera. Hareth dependía de dos rutas. Darian cortó una, amenazó la otra y dejó una salida abierta. —¿Por qué permitirles retirarse? —preguntó Malthor. —Porque quiero Hareth. No necesariamente a todos los soldados dentro. La guarnición abandonó la estación. Los demonios recuperaron Hareth sin destruir aquello que necesitaban usar. El alcalde esperaba un discurso. Darian entró y preguntó: —¿Funcionan los pozos? —Dos sí. Uno está contaminado. —Ingenieros. ¿Alimentos? —Escasos. —Varnek. ¿Hospital? —Dañado. —Mara recibirá aviso. —Pensé que daría un discurso.

Darian frunció el ceño. —¿Ahora? Después llegaron una aldea, un puente, Merethal y finalmente Belvar. No todo salió bien. Un ataque fracasó y Darian ordenó retirada. —No necesito que cada ataque termine con una bandera encima de algo. Necesito un ejército mañana. Los humanos también aprendieron: atacaron repetidores, vías y usaron falsas retiradas. Esta vez un comandante demoníaco vio la trampa, informó y esperó. —¿Qué hizo? —preguntó Darian. Cassian respondió: —Nada. Observó. Informó. Esperó. Darian sonrió. —Perfecto. Tres semanas después, la última fortaleza demoníaca perdida volvió a levantar su bandera. —Todo el territorio perdido en el frente occidental está nuevamente bajo control demoníaco —informó un operador. Algunos generales quisieron detenerse. Darian miró al otro lado de la antigua frontera. Carreteras humanas. Depósitos. Fortificaciones desde donde había partido la invasión. —Si volvemos exactamente a la línea anterior, pueden reorganizarse y repetirlo. Pidió autorización a Azrhael para crear profundidad defensiva. —¿Quieres territorio? —preguntó el rey. —Quiero distancia. —Eso no responde. Darian pensó. —Si tomar ese territorio hace más difícil que vuelvan a matar a nuestra gente, sí. Entonces quiero territorio. Azrhael aprobó una ofensiva limitada. La noche anterior a cruzar, Darian reunió a sus comandantes.

Pausa. —Pero las reglas no cambian. Soldado armado: enemigo. Rendición: prisionero. Civiles: protegidos. Sin saqueos. Sin represalias. Miró la sala. —No les estoy pidiendo que sean blandos. Les estoy diciendo dónde termina la guerra y empieza el asesinato.