Capítulo XXXIV
DONDE TERMINA LA GUERRA
Rethal controlaba un puente, una carretera y almacenes que Darian necesitaba intactos. Los humanos prepararon barricadas, Caballeros del Sol, magos y arqueros. Cuando vieron el VBE-1 avanzar sin caballos, no supieron qué estaban mirando. —¡Apunten a los animales de tiro! —ordenó un capitán. Un soldado respondió: —Señor... no tiene. Los Caballeros del Sol formaron una barrera de luz. El arma rotatoria empezó a girar. BRRRRRRRRT. La barrera resistió dos segundos. Tres. Después parpadeó y colapsó bajo la presión continua. Los proyectiles encantados golpearon armaduras. Los humanos concentraron magia sobre el vehículo. Una rueda quedó dañada. Maelis gritó por radio: —¡QUE RETROCEDAN! Darian miró la barricada. —¿Puede disparar? —Sí. —Entonces el cañón. El proyectil penetró la defensa y explotó al impacto. La brecha se abrió. —Infantería —ordenó Darian. El VBE quedó inmovilizado poco después. No ganó la batalla. Solo hizo algo útil en el momento correcto. Rethal cayó calle por calle mediante radios, ingenieros, alados e infantería coordinada. Por la tarde, la guarnición humana pidió rendición. Darian aceptó.
—Tus hombres entregan armas. Reciben agua. Los heridos serán atendidos. El capitán preguntó: —¿Y los civiles? —No son parte de la rendición. Son civiles. La orden se transmitió a toda la ciudad: prohibido saqueo, represalias, entradas arbitrarias y violencia contra civiles. Funcionó durante una hora. Después Darian escuchó un grito. Encontró dos civiles muertos y a un soldado demoníaco llamado Tarek Solvar frente a un niño humano de ocho años. Tarek levantaba la espada. —Bájala —ordenó Darian. —Ellos mataron a mi esposa. —Baja la espada. —¡Quemaron mi casa! ¡Mataron a mis hijos! —Lo siento. Baja la espada. —¡ES HUMANO! Darian vio piedra. Fuego. Lyra empujándolo a una grieta. Ocho años. —Última vez. Baja. Tarek intentó golpear. Darian lo mató antes de que la espada descendiera. El niño permaneció contra la pared. Darian reunió a sus soldados. —Un hombre armado que intenta matarlos es enemigo. Un soldado que se rinde es prisionero. Un civil desarmado no es objetivo. Y un niño sigue siendo un niño. Un soldado gritó: —¡Tarek perdió a su familia! —Lo sé. —¡Los humanos la mataron!
—Eso explica por qué estaba lleno de odio. No le daba derecho a crear otro huérfano. Darian recorrió la calle con la mirada. —No permitiré masacres bajo mi estandarte. Si un demonio asesina civiles humanos, responderá. Si un humano bajo mi autoridad asesina civiles demoníacos, responderá igual. No me importa qué especie tenga el asesino. La investigación encontró saqueos, golpes a prisioneros y una ejecución después de rendición. Hubo arrestos, absoluciones donde no había pruebas, degradaciones y condenas donde sí las había. Darian formalizó la Orden de Vhalyr sobre población bajo control militar: civiles y prisioneros protegidos, requisiciones registradas, violencia sexual y saqueo prohibidos, represalias colectivas prohibidas, especie irrelevante. Azrhael recibió el informe. —¿El niño estaba armado? —No. —¿Era amenaza? —No. —¿Ordenaste detenerse? —Tres veces. —Entonces no veo el problema. El niño se llamaba Lio. Cuando Darian intentó enviarlo con cuidadores, Lio agarró su capa. —Contigo estoy seguro. —¿Por qué? —Nadie te ataca. Darian sintió el golpe de la frase. Más tarde Lio conoció a Varkhaz en tamaño reducido. —¿Es tu mascota? El mundo se detuvo. Darian empezó a alejarse. —Yo no conozco a este niño. Varkhaz abrió lentamente los ojos. —¿Qué dijiste?
Rethal quedó bajo control. La reputación de Darian empezó a cambiar entre los humanos. No amigo. No misericordioso. Justo.