El rey demonio y la heroina

EL PRIMER DÍA DEL REY

Capítulo XXXVI

EL PRIMER DÍA DEL REY

El tren llegó a la capital antes del amanecer. Darian no había dormido. Había pasado casi todo el viaje mirando el último mensaje de Arvek, aunque ya conocía cada palabra. Regresa. Ahora. Nada más. Cuando las puertas del vagón se abrieron, Arvek esperaba en el andén. No llevaba casco. Tampoco expresión de comandante. Darian descendió. —¿Cuánto? Arvek entendió la pregunta. —Tres horas. Darian dejó de caminar. Durante un segundo la estación, los guardias y el ruido de las locomotoras desaparecieron. —¿Estaba consciente? —Hasta el final. —¿Dijo algo? —Que dejaras de hacer preguntas cuya respuesta ya conoces. Darian soltó aire por la nariz. —Eso suena a él. Arvek asintió. —Sí. El cuerpo de Azrhael estaba en la sala menor del palacio, sin corona y sin armadura. Darian agradeció ambas cosas. Había visto morir soldados. Demasiados. Pero aquello era distinto. No había una herida que cerrar, un enemigo al que culpar ni una orden que pudiera haber cambiado el resultado. La enfermedad simplemente había terminado el trabajo. Darian se quedó de pie junto al antiguo rey. —Me dijiste dos años. Nadie respondió. —Mentiroso. Tampoco hubo respuesta. Detrás de él, Vaelor Theryn entró despacio. El anciano conde no dijo nada hasta que Darian se volvió. —Lo conocí antes de la corona —dijo Vaelor. Darian levantó una ceja.

—Nunca preguntaste. Vaelor miró a Azrhael. —Yo tenía nueve años. Mi familia atravesaba una mala temporada y llevaba un día entero sin comer. Azrhael tendría diez, quizá once. Me encontró detrás de una cocina. Darian esperó. —Tenía medio pan duro. Me dio la mitad. —¿Eso es todo? —Eso es todo. Vaelor sonrió con tristeza. —A veces uno recuerda a los reyes por cosas demasiado pequeñas para los libros. Darian volvió a mirar el cuerpo. —Algún día harán una estatua enorme. —Probablemente. —No quiero una estatua enorme. Vaelor lo miró. —¿Qué quieres? —Dos niños sentados compartiendo un pedazo de pan. El conde tardó un momento antes de asentir. —A Azrhael le habría molestado. —Por eso me gusta. • • • El funeral fue breve porque la guerra no permitió otra cosa. Las campanas sonaron en la capital. Las unidades del frente guardaron un minuto de silencio cuando pudieron. Los trenes no se detuvieron. Azrhael no lo habría permitido. Después llegó la corona. Darian la observó sobre un cojín como si fuera un artefacto explosivo. Dravenn, a su lado, murmuró: —No explotará. —Eso dicen siempre antes de que Korran toque algo. —Por favor no compares la Corona Demoníaca con Korran. —Ambas producen dolor de cabeza y atraen nobles. Dravenn cerró los ojos. No hubo semanas de ceremonia. No podían permitírselas. Vaelor fue el primero de las grandes casas en dar un paso al frente. —Azrhael dejó su voluntad clara —dijo ante el salón—. Darian Vhalyr es su heredero. Mi casa reconoce su corona. Selvara Nareth lo siguió. Después Malthor. Korven tardó más,

pero finalmente inclinó la cabeza. No hubo unanimidad absoluta. Darian no la pidió. Cuando la corona tocó su cabeza, sintió su peso. No magia. Responsabilidad. —Darian Vhalyr —proclamó el oficiante—, Rey del Reino Demoníaco. La sala respondió. Darian miró a las personas que ahora esperaban palabras. —Azrhael gobernó este reino durante décadas. Pausa. —No voy a intentar convertirme en él. Algunos nobles se removieron. —Me pidió que hiciera algo mejor. Eso significa conservar lo que funciona, cambiar lo que no y escuchar cuando alguien sabe más que yo. Miró a Dravenn. —Desgraciadamente, eso incluye a algunos de ustedes. Dravenn se llevó una mano al rostro. Hubo algunas risas. Darian continuó: —No prometo que no cometeré errores. —Prometo que este reino no fingirá que un error deja de serlo porque lo cometió el rey. El silencio fue más profundo que los aplausos posteriores. • • • La carta de Azrhael esperaba en el despacho real. Darian estuvo a punto de dejarla cerrada. No lo hizo. La letra era irregular, escrita durante las últimas semanas. Darian: Si lees esto, ya descubriste que las coronas no curan enfermedades. Darian soltó una risa breve. Siguió leyendo. No conviertas el reino en una extensión de ti mismo. Si cada institución necesita que estés presente para funcionar, no construiste un reino; construiste una dependencia. Escucha a Arvek cuando te diga que estás siendo idiota. A Dravenn cuando te diga que no hay dinero. A Maelis cuando te diga que algo todavía no está listo. Incluso a Korran, aunque recomiendo hacerlo desde una distancia prudente. Darian sonrió. Después llegó la parte que ya no tenía humor. Y recuerda esto: la crueldad es peligrosa precisamente porque funciona. Habrá días en que una acción terrible salvará más vidas que una acción limpia. Tal vez tengas que elegirla. Si ocurre, recuerda el precio. El día en que disfrutes haciendo algo terrible, detente. Ese día ya no estarás usando una herramienta. La

mío. Haz uno mejor. Darian cerró la carta. Permaneció en silencio durante varios minutos. Entonces sonó la alarma. Una radio del pasillo cobró vida. —¡Ataque confirmado en Valderan Sur! ¡Repetimos, ataque masivo! Darian abrió los ojos. Otra voz: —¡Ravel solicita refuerzos! Después otra. —¡Vías atacadas al oeste! Arvek entró sin llamar. —Se movieron al enterarse de la muerte. Darian se puso de pie. —No. Arvek frunció el ceño. —¿No? —Se movieron porque esperaban que la muerte nos paralizara. Se quitó la capa ceremonial. Dravenn apareció en la puerta. —La coronación acaba de terminar. Darian tomó su espada. —Entonces mi primer día va a ser largo. • • • Llegó al centro de mando todavía con parte del uniforme de gala. Un operador levantó la cabeza. —¿Duque Vhalyr? Darian se detuvo. El hombre palideció. —Perdón. Su Majestad. Darian se sentó frente al mapa. —Ya no. Su rey está escuchando. Informe. Las palabras llegaron rápidas. Ataques simultáneos. Puentes. Vías. Depósitos. Repetidores. La línea humana no estaba intentando únicamente avanzar. Estaba intentando cortar las arterias que Darian había construido. Arvek señaló Ravel. —Si pierden esta estación, tres sectores tendrán que recibir suministros por carretera. —¿Tiempo? —Horas antes de que empiecen a sentirlo. Un día antes de que sea grave. Darian tomó la radio. No respiró como rey. Respiró como

comandante. —Todas las unidades occidentales, aquí Darian Vhalyr. Algunos operadores se miraron. Darian continuó: —Azrhael ha muerto. Silencio en las frecuencias. —Y sí. Ahora soy rey. Pausa. —Eso no cambia lo que tienen delante. Se inclinó sobre el mapa. —Mantengan las vías. Protejan los repetidores. No persigan unidades que se retiren si eso deja un puente sin defensa. —No necesito una victoria bonita hoy. —Necesito que mañana sigamos teniendo un ejército. Miró hacia Arvek. El veterano asintió. Darian cerró la transmisión. La corona estaba sobre una mesa, donde la había dejado minutos antes. No volvió a ponérsela. Su primer día como rey acababa de comenzar.