El rey demonio y la heroina

REY O COMANDANTE, ¿POR QUÉ

Capítulo XXXVII

REY O COMANDANTE, ¿POR QUÉ

NO AMBOS? El amanecer encontró a Darian en Valderan Sur. No en un trono. No en un balcón. Sobre una mesa cubierta de mapas. Arvek le puso una taza de café al lado. —Tienes que decidir algo. —¿Qué? —Si vas a ser rey o comandante. Darian miró el frente. —¿Por qué no ambos? Arvek cerró los ojos. —Era exactamente la respuesta que no quería escuchar. —Entonces no debiste preguntar. La radio interrumpió. —Ravel bajo presión. Repetimos, Ravel bajo presión fuerte. Darian levantó la cabeza. Ravel no era una gran fortaleza. Era peor. Era una estación ferroviaria. Un nudo de vías, depósitos y talleres que alimentaba tres sectores del frente. El enemigo lo sabía. —Informe de Gareth —pidió. Una voz respondió entre interferencias. —Aquí Gareth Ren. Siguen llegando. Infantería al sur, zapadores hacia la vía secundaria. Otra voz se coló detrás. —Y alguien disparó contra mi comida. Darian reconoció a Sarek. —Sarek, prioridad. —Mi comida era prioridad. Gareth gritó algo incomprensible. La transmisión se cortó. Darian señaló el mapa. —No quieren Ravel por la ciudad. Arvek asintió. —Quieren la vía.

—Y nuestros depósitos. Dravenn, conectado por radio desde la capital, añadió: —También atacaron dos almacenes de carbón anoche. Darian se quedó quieto. —No están improvisando. • • • Los cinco VBE disponibles parecían una broma particularmente cara. Maelis los describió por radio con la paciencia de alguien que ya había discutido demasiado. —Unidad uno: reparada. —¿Confiable? —Dije reparada. —Entendido. —Unidad dos: problema intermitente de transmisión. —Tres. —Se sobrecalienta después de marcha prolongada. —Cuatro. Silencio. —Maelis. —Se mueve. —Eso no inspira confianza. —A mí tampoco. —Cinco. —Motor, ruedas, blindaje parcial. Sin armamento. Arvek levantó una ceja. Darian miró el mapa. —Perfecto. Maelis tardó un segundo. —¿Perfecto? —El cinco lleva munición y heridos. —No es una ambulancia. —Hoy sí. —Darian. —¿Puede hacerlo? —Sí. —Entonces hoy sí. Los vehículos fueron cargados en plataformas ferroviarias y enviados hacia Ravel. No eran un ejército de máquinas. Eran cinco prototipos que todavía se descomponían con demasiada frecuencia.

Pero llegarían más rápido que cualquier columna convencional. • • • La unidad uno bajó de la plataforma directamente bajo fuego. La dos llegó diez minutos después y perdió una marcha al intentar girar. La tres recorrió cuatro kilómetros antes de que el conductor informara que el motor estaba demasiado caliente. —Déjenlo enfriar —ordenó Maelis por radio—. Si siguen, lo funden. La cuatro avanzó con una lentitud que hizo que Sarek preguntara si estaban empujándola. La cinco no disparó una sola vez. Hizo algo mejor. Entró, dejó cajas de munición y salió con seis heridos dentro. Después volvió. Y volvió otra vez. Gareth transmitió: —Nunca vuelvo a burlarme del cinco. Sarek respondió: —Yo sí, pero con respeto. Darian sonrió apenas. —¿Arma rotatoria? Un operador respondió: —Montada en el acceso norte. —Munición. —Limitada. —Entonces ráfagas. No quiero que Korran descubra que dispararon todo en cinco minutos. Arvek lo miró. —¿Te preocupa Korran? —Me preocupa más que el enemigo. El enemigo por lo menos tiene objetivos previsibles. El arma rotatoria comenzó a hablar. No como una ballesta. Como una pared de metal. Las primeras líneas humanas que intentaban cruzar el patio ferroviario se tiraron al suelo. Pero Darian no permitió convertirlo en espectáculo. —Cuando retrocedan, dejen de disparar. —Majestad, podemos alcanzarlos. —No necesito cadáveres. Necesito la estación. • • • El ataque cambió de dirección. Zapadores humanos ignoraron el centro y fueron hacia un puente pequeño que llevaba la vía secundaria. Darian lo vio en el informe. —Ahí. Arvek asintió.

—Eso confirma la intención. —No quieren ganar terreno. Quieren que nuestros trenes dejen de moverse. Ordenó mover una compañía desde un sector aparentemente más importante. Un noble protestó por radio. —¡Deja mi flanco expuesto! Darian respondió: —Tu flanco puede retroceder dos kilómetros y seguir existiendo. Ese puente explota y pierdo tres sectores. —Pero mi territorio— —No estamos defendiendo títulos. Estamos defendiendo un sistema. La compañía llegó antes de que los zapadores terminaran de colocar cargas. El puente sobrevivió. Por poco. • • • Al caer la noche Ravel seguía en manos demoníacas. La estación estaba dañada. Una sección de vía ardía. El taller norte había perdido techo. El VBE dos necesitaba remolque. El tres finalmente había enfriado. El cuatro todavía se movía, lo que Maelis declaró “estadísticamente irritante”. Y el cinco transportaba su cuarto grupo de heridos. Darian leyó las pérdidas. No celebró. Gareth apareció por radio. —Ravel sigue aquí. —¿La vía? —Ingenieros dicen seis horas. —Diles cuatro. Una voz al fondo gritó: —¡DILE AL REY QUE VENGA A ARREGLARLA ÉL! Darian reconoció a un ingeniero veterano. —Dile seis. Gareth se rio. —Eso pensé. La transmisión terminó. Arvek se sentó. —Ganamos el día. Darian no respondió. Estaba mirando otros informes. Un repetidor al norte. Dos depósitos al sur. Una vía secundaria. Un puente. Un taller de locomotoras. Todos atacados en menos de treinta horas. —No —dijo. Arvek frunció el ceño.

—¿No? Darian puso los informes uno al lado del otro. —Mira los objetivos. El veterano lo hizo. Su expresión cambió. —Alguien estudió nuestra red. —Sí. —No solo mapas. —No. Darian señaló Ravel. —Saben qué estación importa más de lo que parece. Otro punto. —Qué repetidor alimenta qué sector. Otro. —Qué depósitos pueden perderse y cuáles no. Arvek permaneció en silencio. Darian recordó cada reforma que había defendido durante años. Trenes. Radios. Depósitos. Autonomía de mando. Había construido un ejército más rápido. Alguien había estudiado precisamente cómo hacerlo lento. —No estamos peleando contra un enemigo que simplemente quiere avanzar —dijo. Arvek lo miró. —¿Entonces contra qué? Darian cerró el mapa. —Contra alguien que aprendió cómo peleamos.