El rey demonio y la heroina

LA HISTORIA NO DEFINE EL

Capítulo XXXIX

LA HISTORIA NO DEFINE EL

FUTURO Darian permaneció en el vacío estrellado. —Heroína. Chronos asintió. —Eso dije. —Lucan ni siquiera conoce su nombre. —No importa todavía. Darian lo observó. —Tú sí sabes algo. Chronos sonrió apenas. —Sé demasiadas cosas y no suficientes. —Eso no es una respuesta. —Nunca prometí respuestas cómodas. Darian dio un paso. —Entonces empieza por una incómoda. Chronos guardó silencio. Después miró sus propias manos. —No voy a estar aquí mucho más tiempo. Darian se detuvo. —¿Qué? —Cuando el cristal se fusionó contigo, no entró todo. —Lo sé. —No. Sabías que conservé una parte separada de mi conciencia. No sabías por qué. Darian no respondió. Chronos continuó: —Quería tiempo. —¿Para qué? —Para asegurarme de que no te destruía. Pausa. —Y quizá porque después de demasiado tiempo dentro de una piedra resultó agradable hablar con alguien. Darian soltó una risa breve. —Sentimental.

—No te acostumbres. La sonrisa de Chronos desapareció. —Pero ya no puedo mantener esa separación. Darian comprendió. —Vas a fusionarte por completo. —Sí. —¿Y tú? Chronos lo miró. —No habrá un “yo” separado con quien puedas discutir mientras duermes. Darian apretó la mandíbula. —Busca otra forma. —Ya lo hice. —Busca mejor. Chronos sonrió. —Eso sonó mucho a ti. —Porque es una orden. —Majestad, llevo muerto más de mil años. La cadena de mando es confusa. Darian no rio. Chronos dejó de intentarlo. —Darian. El uso del nombre pesó más que el título. —Mi poder ya es parte de ti. Mis recuerdos, fragmentos. Mis estructuras. Lo que quede se integrará. —Eso no eres tú. —No. Pausa. —Pero quizá es suficiente. Darian miró las estrellas. —Odio las despedidas. —Yo también. Se quedaron en silencio. Finalmente Darian preguntó: —¿La Heroína tiene algo que ver contigo? Chronos tardó demasiado. —Sí. —¿Con tu muerte? —Sí. —¿Me va a matar?

Chronos negó. —La historia no define el futuro. Darian lo miró. —Bonita frase. —Intenta recordarla cuando tengas una espada frente a la garganta de alguien. —Eso fue extrañamente específico. Chronos sonrió. —Lo sé. La luz alrededor de su cuerpo empezó a deshacerse. Darian dio un paso. —Chronos. —Majestad. —Fue un gusto. Chronos inclinó ligeramente la cabeza. —Igualmente... amigo. Darian respiró. La figura se hizo transparente. Antes de desaparecer, Chronos levantó un dedo. —Ah. Una cosa más. —¿Qué? —Saluda a la Heroína de mi parte. Darian abrió la boca. Chronos desapareció sonriendo. —Idiota. El vacío se rompió. • • • Darian despertó con un golpe de magia recorriendo su cuerpo. La habitación tembló. Una copa cayó al suelo. Las runas de protección de las paredes se encendieron simultáneamente. Darian levantó una mano. Pudo verlas. No solamente la luz. La estructura. Capas. Puntos de tensión. Flujo. Era demasiado. Cerró los ojos y la sensación disminuyó. —Chronos. Nada. Esperó. Nada. Por primera vez en años, el silencio dentro de su propia mente fue absoluto. • • • Varkhaz lo encontró afuera antes del amanecer. —Hueles diferente. Darian lo miró.

—Gracias. —No era un cumplido. El dragón se sentó. —Se fue. Darian asintió. Varkhaz no preguntó quién. —¿Todo? —Se fusionó. —Entonces todavía está contigo. —No de la forma que importa. Varkhaz inclinó la cabeza. —Las formas cambian. Darian soltó aire. —No necesito filosofía dracónica. —Entonces deja de parecer alguien que la necesita. Pausa. Darian se sentó sobre una piedra. —Dijo “Heroína”. Varkhaz dejó de bromear. —Ah. —No me gusta ese “ah”. —Es un título antiguo. —Eso sé. —Probablemente sabes la versión humana. —Heroína aparece. Mata al Rey Demonio. Salva el mundo. Varkhaz gruñó. —Los humanos tienen talento para resumir mil años en una frase ofensiva. Darian lo miró. —¿Qué versión tienes tú? —Una incompleta. —Naturalmente. Varkhaz miró el cielo. —Mi madre sabe más. Darian tardó un segundo. —¿Tu madre? —Sí. —Nunca mencionaste que tu madre sigue viva. —No preguntaste. —¿Dónde está? —Durmiendo.

—¿Desde cuándo? Varkhaz pensó. —Unos trescientos cincuenta años. Darian lo miró. —Claro. • • • La respuesta llegó dos días después en forma de sombra. Una sombra gigantesca cubrió parte del patio de Velmora. Los soldados levantaron armas. Varkhaz abrió los ojos. Su expresión cambió. —No. Lio, sentado junto a él con una manzana, miró hacia arriba. —¿Qué? —No. Una dragona blanca descendió entre las nubes. Era enorme. Más grande que Varkhaz. Más antigua en cada movimiento. Aterrizó. La piedra vibró. Varkhaz retrocedió. —Madre. La dragona lo observó. —Solo duermo trescientos cincuenta años y despierto para descubrir que mi hijo está en guerras, destruyendo cosas, casi muriendo y vinculándose con un Rey Demonio. Varkhaz bajó la cabeza. —Puesto así suena mal. —Al rincón. Silencio. Darian miró al dragón milenario. Varkhaz miró a su madre. —Tengo más de mil años. —Al rincón. Varkhaz caminó hacia una pared. Lio lo siguió y le entregó la manzana. —Para que no estés triste. Varkhaz la aceptó con la dignidad que pudo reunir. Darian decidió no reír. Fracasó. La dragona blanca giró hacia él. Sus ojos se estrecharon. —Darian Vhalyr. —Sí. —Rey Demonio. —Aparentemente.

Ella olfateó el aire. —Y llevas a Lian contigo. Darian dejó de sonreír. —¿Lian? La dragona lo miró durante un largo momento. —Entonces realmente no te contó todo. —Parece que era una costumbre. La dragona se sentó. —Mi nombre es Vaelthra. Darian observó a Varkhaz en su rincón. —Tiene sentido. —Escucha bien, rey joven. Vaelthra miró hacia Lio, después al cielo. —La historia del Rey Demonio y la Heroína no empezó con una guerra. Pausa. —Empezó mucho antes de que cualquiera de esos dos títulos existiera.