Capítulo XL
LA FAMILIA QUE ELEGIMOS
Vaelthra conocía el nombre que Chronos nunca había dado. —Lian Valak —dijo. Darian permaneció quieto. —Chronos se llamaba Lian Valak. —Antes del cristal. Antes de que los siglos deformaran lo que quedaba de él. Sí. Varkhaz seguía en el rincón. Lio estaba sentado a su lado. Vaelthra continuó: —Hace unos mil cien años yo era joven. Varkhaz murmuró: —Eso explica muchas cosas. Vaelthra giró la cabeza. —¿Qué dijiste? —Nada, madre. —Bien. Darian tuvo que mirar hacia otro lado. —Lian era demonio —dijo Vaelthra—. Mia Volur era humana. Darian frunció el ceño. —¿La Heroína? —Sí. —Se conocían. Vaelthra soltó una respiración larga. —Crecieron juntos. Discutían. Competían. Se protegían. Pasaron demasiado tiempo fingiendo que aquello no significaba más de lo que significaba. —¿Se amaban? —Sí. Pausa. —Y eran demasiado idiotas para resolverlo a tiempo. Varkhaz asintió desde el rincón. —Eso sí suena familiar. —Varkhaz. —Silencio. Vaelthra volvió hacia Darian.
—Se separaron. El mundo cambió. Hubo guerras. Cuando se encontraron de nuevo, Lian era el Rey de los Demonios y Mia era la Heroína de los humanos. Darian pensó en la historia conocida. —Y ella lo mató. Vaelthra permaneció demasiado tiempo en silencio. —Eso fue lo que todos creyeron. Darian notó la precisión de las palabras. —¿Tú también? —Vi el final desde demasiado lejos y conocí después solamente partes. Lian tuvo la oportunidad de matarla y no pudo. Bajó sus defensas. Mia lo atravesó. Después comprendió lo que había hecho y trató de salvarlo. Vaelthra cerró los ojos. —No pudo salvar el cuerpo. —El cristal. —Sí. —Encerró su alma. —Alma, recuerdos, poder. Todo lo que pudo conservar. Darian sintió un vacío extraño. Chronos había sido un hombre. No una entidad nacida dentro de una piedra. Un hombre que había vivido. Amado. Muerto. —Mia me entregó el cristal —continuó Vaelthra—. Me pidió que lo escondiera donde nadie pudiera usarlo. Darian levantó la mirada. —Y yo lo encontré. —Sí. —¿Por accidente? Vaelthra sonrió de una forma que no respondió absolutamente nada. Darian suspiró. —Los dragones son irritantes. Varkhaz levantó la cabeza. —Gracias. • • • Vaelthra recordó una frase. —Mia me dijo algo después. Darian esperó. —“Uno no elige a la persona que quiere. Solo la quiere.”
El viento recorrió el patio. —Nunca la volví a ver —dijo Vaelthra—. No supe qué ocurrió después. Darian miró sus manos. —Chronos me dijo que la historia no define el futuro. —Entonces al menos aprendió algo. Vaelthra acercó la cabeza. —Escúchame bien. El error de Lian no fue amar a Mia. —¿Entonces? —Esperar. Pausa. —Esperó hasta que ambos dejaron de ser solamente personas. Se convirtieron en símbolos. Cuando finalmente tuvieron que decidir qué significaba el otro, había ejércitos detrás de ellos y todas las respuestas eran malas. Darian guardó silencio. Vaelthra sostuvo su mirada. —No esperes hasta tener una espada contra su garganta para decidir qué significa alguien para ti. Darian frunció el ceño. —Todavía ni siquiera conozco a esa Heroína. —Entonces tienes tiempo. —¿Para qué? —Para no ser tan idiota como Lian. Varkhaz emitió un sonido que parecía sospechosamente una risa. • • • La conversación habría seguido si Lio no hubiera preguntado: —¿Darian puede morir? Todo se detuvo. Darian se volvió. Lio no parecía asustado. Eso lo hacía peor. —Sí —respondió Darian. No le mintió. Lio apretó la manzana que Varkhaz no había terminado. —¿En la guerra? —Puede pasar. —No quiero. Darian se agachó frente a él. —Yo tampoco.
—Entonces no vayas. Darian tardó. —Si no voy, otros van. —Que vayan. La honestidad infantil golpeó más fuerte que cualquier argumento. Darian apoyó una mano sobre su hombro. —Mi trabajo es intentar que vuelvan. Vaelthra observaba. —Y el tuyo —dijo de pronto— es recordar que ese niño existe cuando decides cuánto arriesgar. Darian levantó la cabeza. —Lo recuerdo. —No lo suficiente. El tono no admitía defensa. —Si pensar en él limita cómo peleas, entonces protégelo correctamente. Darian entendió. —Alejarlo del frente. —Sí. Lio negó inmediatamente. —No. Darian cerró los ojos. —Lio. —No. —Escúchame. —Contigo estoy seguro. Aquella frase era antigua entre ellos. Darian respiró. —Y para que yo pueda pelear bien necesito saber que tú estás seguro. Lio no respondió. Darian miró a Varkhaz. —Velmora. El dragón salió del rincón con cautela. —Puedo llevarlo. —Si Velmora deja de ser segura, si perdemos contacto o la línea se rompe, lo llevas a las montañas donde nos conocimos. Varkhaz dejó todo humor. —Nadie encontrará ese lugar. —Eso espero. —Lo prometo.
Lio miró a Darian. —No quiero ir. —Lo sé. —¿Vas a volver? Darian evitó prometer cosas imposibles. —Haré todo lo que pueda. Lio frunció el ceño. Darian terminó: —Voy a volver. • • • La noticia de que Lio sería enviado a Velmora corrió más rápido que la orden. También los rumores. “Protegido del rey.” “Huérfano humano.” “Príncipe.” Darian se cansó. Tomó la radio del centro de mando. Arvek lo miró. —¿Qué haces? —Evitar que cincuenta personas inventen cien versiones. Abrió frecuencia general. —Aquí Darian Vhalyr. Las conversaciones se apagaron. —Voy a aclarar algo antes de que los rumores lo conviertan en un problema político. Miró a Lio, que esperaba con Varkhaz. —Desde hoy Lio es mi hijo. Silencio. —Les guste o no les guste. Arvek cerró los ojos. Darian continuó: —Es humano. Tiene ocho años. No, eso no lo convierte automáticamente en heredero. La sucesión es un asunto distinto y cualquier noble que quiera convertir a un niño en una crisis constitucional puede hacer fila para hablar con Dravenn. Dravenn, en otra ciudad, probablemente acababa de sufrir. —Su nombre es Lio Vhalyr. Cerró la transmisión. Lio lo miraba. Darian sacó una pequeña insignia de su casa. La colocó en su ropa. Lio la tocó. —¿Vhalyr? —Sí. —¿Como tú? —Como nosotros.
Pausa. —Nuestra casa. Lio lo abrazó. Darian cerró los brazos alrededor de él. Varkhaz miró hacia otro lado con una dignidad exagerada. Vaelthra fingió no sonreír. • • • Horas después Varkhaz extendió las alas. Lio subió con una pequeña bolsa. Darian revisó tres veces una correa que no necesitaba ser revisada. Varkhaz lo miró. —Es segura. —Lo sé. —La revisaste tres veces. —Ahora es más segura. Lio sonrió. —Darian. —¿Sí? —Voy a esperar. Darian asintió. —No hagas demasiadas travesuras. Lio miró a Varkhaz. —Él hace más. —Eso es verdad. —Calumnias —dijo el dragón. Despegaron. Darian siguió observando hasta que desaparecieron. Arvek llegó detrás. —¿Mejor? Darian miró hacia el oeste. La guerra seguía allí. —No. Pausa. —Pero ahora puedo pelear sin preguntarme cada minuto si mi hijo está en el lugar equivocado. Arvek asintió. Darian regresó al mapa. —Porque mi hijo está seguro.