El rey demonio y la heroina

EL MAPA DEL ANCIANO

Capítulo IV

EL MAPA DEL ANCIANO

La patrulla encontró al anciano en una aldea fronteriza atacada por saqueadores humanos y demonios desertores por igual. Darian recibió la orden de asegurar el camino, no de perseguir a un grupo que había tomado como rehenes a un viejo y a su nieta. Lo hizo de todos modos. Vorak lo suspendió dos días después. —Desobedeciste. —Sí. —¿Lo volverías a hacer? Darian pensó. —Si las condiciones fueran las mismas. Vorak cerró los ojos. —Al menos eres consistentemente irritante. El anciano rescatado se llamaba Esran. No tenía dinero para pagarle y Darian no quería nada. Antes de marcharse, Esran le entregó un pedazo de cuero dibujado con símbolos antiguos. —Mi familia lo guardó generaciones. —¿Qué es? —Un lugar que nadie debería encontrar. Darian lo miró. —Excelente forma de convencerme de buscarlo. El mapa lo condujo semanas después a unas ruinas bajo una montaña. Allí, entre columnas ennegrecidas, encontró un cristal negro que parecía contener estrellas. Cuando lo tocó, el mundo desapareció. Una voz masculina habló desde ninguna parte. —Tardaste bastante. Darian abrió los ojos en un vacío lleno de luz. —¿Quién eres? —Chronos.

—Lo hace si sabes lo suficiente. Darian intentó apartarse, pero el cristal ya estaba fundiéndose con su magia. Sintió fuego sin calor recorriendo sus venas mágicas. Cayó de rodillas. Chronos lo observó. —No eres el más fuerte que ha llegado hasta aquí. Darian respiró con dificultad. —Qué alentador. —Pero eres el primero en mucho tiempo que no preguntó cuánto poder iba a recibir. —Estoy ocupado intentando no morir. Chronos sonrió. —Eso también ayuda. Cuando Darian despertó, el cristal había desaparecido. Y una nueva presencia vivía detrás de sus pensamientos.