Capítulo XLI
SIN EJÉRCITOS, SIN BANDERAS
Darian llevaba tres días mirando los mismos informes. Más tropas humanas. Más depósitos. Más fortificaciones. Y ningún nombre para la mujer que, según Lucan, se encontraba en el centro de demasiadas coincidencias. Finalmente cerró la carpeta. —Estoy cansado. Arvek levantó la vista. —Duerme. —No de eso. Darian llamó a Lucan. El antiguo general humano llegó media hora después. —Necesito dos nombres —dijo Darian. —Eso es peligrosamente amplio. —Nobles de Arthel. Importantes. Cerca del frente. Y que hayan tenido contacto con esa mujer. Lucan pensó. —Marqués Severin Halvek. —¿Qué hace? —Dinero. Armas. Orden del Sol. Financia unidades y fortificaciones. Lo vi entrar a una reunión con ella. —¿Dónde está? —Ervann, según el último informe que conocía. Darian escribió. —Otro. —Conde Adrien Meroval. —¿Soldado? —Administrador. Diplomático cuando le conviene. Inteligente. No es fanático. —¿La conoce? —Sí. Darian cerró el cuaderno. —Perfecto. Lucan frunció el ceño. —No me gusta cómo dijiste eso.
• • • Halvek murió tres días después. No ejecutado. No capturado. Combatió. Su columna intentó romper un cerco menor para recuperar una estación y el marqués dirigió el ataque en persona. Murió con la espada en la mano. Darian llegó después. Miró el cuerpo. Recordó Valderan. —Límpienlo. Arvek lo miró. —Otra vez. —No lo voy a exhibir. —¿Entonces? —Lo voy a devolver. En otra operación, Meroval fue capturado vivo. Darian ordenó que recibiera comida y atención por un corte en el brazo. Cuando el conde fue llevado ante él, Meroval lo estudió con abierta curiosidad. —Esperaba una celda. —Y yo esperaba que los nobles humanos aprendieran después de Valderan. Todos sufrimos decepciones. Meroval casi sonrió. —¿Qué quiere? Darian señaló el ataúd cerrado de Halvek. —Que regreses con él. La sonrisa desapareció. —¿Como amenaza? —Como mensaje. Darian se acercó. —Dile a la mujer que no sé quién es. —No sé de quién habla. —Entonces memoriza bien para cuando descubras a quién debes decírselo. Meroval guardó silencio. —No sé quién es. No sé qué quiere. Sé que alguien en Arthel estudió mi doctrina, mis trenes, mis radios y mis depósitos. Pausa. —Y sé que desde que ella apareció cambiaron demasiadas cosas. —¿La acusa? —No. Darian negó.
—La estoy buscando. —Si quiere guerra, que venga y me diga por qué. —Si no la quiere, quizá tengamos un enemigo común. Meroval observó el ataúd. —¿Y el marqués? —Murió peleando. Sus restos serán devueltos intactos. —Podía utilizarlo como antes. Darian lo miró. —No todas las herramientas deben convertirse en costumbre. Meroval asintió lentamente. Darian añadió: —Y una frase más. —¿Cuál? —Lian Valak todavía recuerda a Mia Volur. El conde frunció el ceño. —No significa nada para mí. —Mejor. • • • Meroval partió. Darian observó el carruaje hasta desaparecer. Después dijo: —No llegará. Arvek lo miró. —¿Qué? —Si alguien controla suficiente información para estudiar nuestras redes, también puede controlar mensajes. —Darian. —Necesito asegurarme de que la invitación llegue. Arvek se puso de pie. —No. Darian desplegó las alas. —Eso no fue una votación. —¡ERES EL REY! —Precisamente. Puedo ser rechazado con más autoridad. —Eso no tiene sentido. Theron y Kavel, dos caballeros alados de la Guardia Real, esperaban afuera. Arvek los señaló. —Si van con él y muere, volveré a matarlos a ustedes. Theron pareció considerar la lógica. Kavel respondió: —Entendido, general. Darian sonrió.
—Excelente motivación. • • • Volaron de noche. No hacia la capital. Hacia un condado humano lo bastante profundo para que el mensaje no pudiera ser ignorado. Cuando las campanas de alarma comenzaron, Darian ya estaba sobre la plaza principal. Los arqueros levantaron armas. Los magos apuntaron. Darian usó amplificación de voz. —¡NO VINE A ATACAR! Una flecha pasó demasiado cerca. —¡ESO NO SIGNIFICA QUE PUEDAN SEGUIR DISPARANDO! Theron murmuró: —Majestad, quizá podríamos decir el mensaje rápido. —Buena idea. Darian miró a las murallas. —Sé que tienen una Heroína. El efecto fue inmediato. Soldados se miraron. Darian continuó: —También sé lo que ese título significó hace mil años. —Esta guerra ya ha durado demasiado. —Así que aquí está mi propuesta. Respiró. —Frente occidental. Sin ejércitos. Sin banderas. Sin nobles. Sin Orden del Sol. —Ella y yo. Pausa. —Hablamos primero. —Si después sigue queriendo matarme, espada contra espada. Un oficial humano gritó: —¡¿Y por qué habría de confiar en usted?! Darian respondió: —No tiene que confiar. Solo tiene que venir. Más arqueros aparecieron. Darian alzó la voz una última vez. —Lian Valak le manda saludos. Silencio. Después alguien gritó: —¡FUEGO! Darian cerró las alas sobre sí mismo mientras una lluvia de proyectiles cruzaba el cielo. —¡Esa parte no era necesaria! —gritó Kavel. —¡RECIBIERON EL MENSAJE!
—¡ESO TAMPOCO NOS AYUDA! Escaparon hacia el oeste. • • • Arvek esperaba cuando volvieron. Darian aterrizó. El veterano se acercó. —¿Funcionó? —El mensaje llegó. —¿Te dispararon? —También. Arvek cerró los ojos. —Voy a necesitar que Azrhael vuelva de la tumba solo para explicarle por qué te eligió. Darian sonrió. —Toma turno. Dos días después llegó una carta. Sin firma. Sin sello de noble. Solo unas líneas. He escuchado tu desafío. Llanura de Elvar. Frente occidental. Tres días. Durante el encuentro ninguno de los dos bandos atacará. Hablaremos antes de decidir si necesitamos las espadas. Darian leyó dos veces. Arvek preguntó: —¿Y? Darian dobló la carta. —Parece que la puerta está abierta.