El rey demonio y la heroina

LA HISTORIA QUE NO SE

Capítulo XLIII

LA HISTORIA QUE NO SE

REPITIÓ La primera colisión de espadas fue tan rápida que muchos soldados no la vieron. Solo escucharon metal. Darian retrocedió un paso. La Heroína dos. Ninguno sonrió. Volvieron a entrar. Ella era rápida. No de la forma de alguien que simplemente entrenó durante años. Aprendía. Darian cambió el ritmo. Tres ataques altos, uno bajo. Funcionó una vez. La segunda ella ya estaba esperando. —Eso es irritante —murmuró Darian. —Lucan tenía razón. —Definitivamente habla demasiado. Volvieron a chocar. • • • El duelo atravesó fases. Primero espada. Después magia. Después ambas cosas mezcladas. Darian utilizó un escudo estructural y ella golpeó exactamente donde la matriz era más débil. No lo rompió. La segunda vez casi. Darian cambió la arquitectura del hechizo. Ella frunció el ceño. —Eso no estaba antes. —Estoy aprendiendo también. Chronos ya no respondía. Pero lo que había dejado sí. Darian veía flujos de magia con una claridad nueva. No dominaba todo. A veces entendía demasiado tarde. Una descarga de Aveline —todavía no sabía su nombre— le abrió la manga. Darian respondió con una onda que la obligó a rodar por el suelo. Se levantó antes de que pudiera cerrar distancia. Los minutos se convirtieron en media hora. Después cuarenta minutos. Después más. Ambos respiraban con dificultad. Las formaciones humanas y demoníacas dejaron de vitorear. Aquello ya no parecía espectáculo. Parecía trabajo. Doloroso. Preciso. Agotador. • • • Cerca de una hora después, Darian vio el error. Pequeño. Ella cargaba demasiado peso en la pierna izquierda después de girar.

No por lesión grave. Fatiga. Darian amagó alto. Ella bloqueó. Él no terminó el golpe. Cambió dirección. Golpeó la guarda. La espada de la Heroína salió de su mano. Antes de que pudiera recuperar equilibrio, Darian enganchó su pierna. Ella cayó. Él puso la punta de la espada contra su garganta. Todo se detuvo. Humanos. Demonios. Viento. Darian respiraba tan fuerte que apenas escuchaba otra cosa. La Heroína levantó el mentón. —Hazlo. Darian la miró. Una espada. Una Heroína. Un Rey Demonio. Una historia de mil años. Y una voz que ya no estaba. La historia no define el futuro. Darian retiró la espada. La Heroína abrió los ojos. Él caminó hasta el arma de ella y la lanzó varios metros más lejos. —No soy tan idiota. Ella se sentó. —¿Qué? Darian amplificó la voz. —¡HE VENCIDO A SU HEROÍNA! Las líneas humanas se tensaron. —¡Y SIGUE VIVA! Silencio. Darian señaló hacia ellos. —Pueden quedarse, pelear y morir por nobles que ni siquiera están aquí. —O pueden volver y contarles lo que pasó. Pausa. —La próxima vez que quieran otra guerra, díganles que vengan a pelearla ellos mismos. Un oficial humano levantó una espada. Darian no atacó. La Heroína se puso de pie. —Retirada. El hombre la miró. —Pero— —Dije retirada. Los humanos comenzaron a marcharse. Darian no ordenó perseguirlos. • • • Un noble menor se acercó a la Heroína antes de que partiera. —Esto le costará caro en la capital. Ella lo miró. —¿Perder?

—Permitir que desertaran. Pausa. —Y volver viva. Darian escuchó desde cerca. El noble se marchó. La Heroína recogió su espada. —¿Por qué? —¿Por qué qué? —Pudiste matarme. Darian limpió su hoja. —Ya había ganado. —Eso no responde. —No necesito matarte para demostrarlo. Ella lo observó. Darian añadió: —La historia no define el futuro. La mujer quedó inmóvil. —Lian. Darian levantó la mirada. —¿Qué? —Lo conocías como Chronos. Esta vez fue Darian quien se quedó quieto. —Necesitamos hablar —dijo ella. —Sí. Pero no tuvieron tiempo. La política llegó primero. • • • Después de Elvar comenzaron las deserciones. Primero soldados aislados. Después grupos. Patrullas completas. Médicos. Oficiales. Luego ya no fueron solamente desertores. Llegaron familias. Trabajadores. Ingenieros. Mercaderes. Funcionarios menores. Darian estableció reglas. Armas fuera antes de entrar. Registro. Evaluación médica. Vivienda temporal. Nadie obligado al ejército. Rangos no transferidos automáticamente. Familias no separadas sin causa. Y controles de seguridad suficientes para no fingir que la infiltración no existía. Dravenn dejó una cifra sobre la mesa una noche. —Cuatro mil ciento doce desde Elvar. Darian levantó la cabeza. —¿Solo soldados? —No. Eso es lo preocupante.

—Porque soldados se alojan en cuarteles. Familias necesitan casas, escuelas y comida. Darian miró el informe. —Entonces construimos. Dravenn cerró los ojos. —Sabía que dirías eso. Arthel respondió aumentando castigos por deserción. El flujo empeoró. Darian prohibió convertir a Lio en propaganda. —Es mi hijo, no un cartel. • • • En Arthel, la derrota de Elvar necesitaba culpable. La Corona encontró uno perfecto. La Heroína había aceptado un duelo no autorizado. Había permitido deserciones. Había perdido. Había regresado viva porque el Rey Demonio la había perdonado. Y cada nuevo humano que cruzaba la frontera podía colocarse sobre sus hombros. Los nobles que antes esperaban horas para hablar con ella empezaron a decir que apenas la conocían. La Guardia Real llegó de noche. No hubo batalla. Ella entregó la espada. El juicio duró menos que el duelo de Elvar. La sentencia fue pública. Muerte. Plaza Real. Dos días después. • • • Lucan entró en el centro de mando sin respirar. —Es hoy. Darian levantó la cabeza. —¿Qué? —La ejecución. —¿Cuándo? —Mediodía. Darian miró el reloj. Arvek vio su cara. —No. Darian se puso de pie. —Lucan. Ruta. —Darian. —Arvek. —Eres rey. —Lo recuerdo constantemente. —No puedes entrar solo en la capital humana. Darian desplegó un mapa. Lucan señaló corredores de

vigilancia, torres y una zona de menor cobertura superior cerca de la plaza. Arvek golpeó la mesa. —¡NO! Darian lo miró. —Ella está muriendo en parte por una crisis que yo aceleré. —No la condenaste tú. —No. Pausa. —Pero elegí no matarla cuando tuve la espada en su garganta. No voy a dejar que otros terminen la historia por mí dos días después. Arvek apretó los dientes. Darian tomó su espada. —Chronos me dijo que la historia no define el futuro. Abrió las alas. —Entonces voy a comportarme como si fuera verdad. • • • La plaza estaba llena cuando el verdugo levantó la espada. La Heroína tenía las manos encadenadas. El rey Edric observaba desde una plataforma. La multitud apenas respiraba. Entonces una sombra cruzó el sol. La Heroína levantó la cabeza. Vio alas negras. Y sonrió.