El rey demonio y la heroina

SIN TÍTULOS

Capítulo XLXII

SIN TÍTULOS

Aveline pasó toda la mañana evitando a Darian. Fue un plan excelente. Hasta que recordó que estaba viviendo temporalmente dentro del mismo palacio. Lo encontró en el corredor a las once. Ambos se detuvieron. —Buenos días —dijo Darian. —Buenos días. Silencio. —¿Dormiste? —Sí. Era mentira. Darian tampoco parecía haber dormido demasiado. —Bien. —Bien. Otro silencio. Un funcionario apareció al fondo. Aveline señaló una puerta lateral. —Ahí. Darian entró sin preguntar. • • •

Era una sala de almacenamiento. Había mantas. Dos cajas de documentos viejos. Una escoba. Darian observó alrededor. —He tenido conversaciones diplomáticas en lugares mejores. —Y yo he confesado cosas en lugares peores. Darian levantó una ceja. Aveline cerró los ojos. —No empieces. —No estoy empezando. —Entonces termina. —Eso es contradictorio. —Darian. —Bien. • • • Se quedaron frente a frente. Aveline habló primero. —Lo que dije ayer fue verdad. Darian no bromeó. —Bien. Ella lo miró. —¿Solo bien?

—Estoy intentando no arruinar esto. —Eso es nuevo. —Estoy creciendo. Aveline sonrió apenas. Después él respiró. —También me atraes. Silencio. Aveline sintió una extraña combinación de alivio y pánico. —Ah. —Sí. —Eso dijimos la última vez que Vaelthra nos empujó. —Me pareció apropiado. • • • Aveline se apoyó contra una caja. —¿Y ahora qué? Darian pensó. —No sé. Ella rio. —Excelente. —Puedo ordenar una ofensiva con veintidós mil soldados. —Eso no ayuda. —Lo sé. —Puedo negociar un armisticio.

—Tampoco. —Puedo administrar un reino razonablemente. Aveline levantó una ceja. —Discutible. —Gracias. Pausa. —Pero nunca hice esto. Aveline dejó de sonreír. —Yo tampoco. • • • Aquello cambió algo. No eran dos personas experimentadas fingiendo torpeza. Eran dos personas que habían pasado sus mejores años aprendiendo a sobrevivir. Darian había tenido relaciones breves en su juventud, pero ninguna había sobrevivido al ejército, los ascensos y la guerra. Aveline había tenido admiradores. Muchos. La mayoría enamorados de la Heroína antes de conocer a Aveline. Ninguna de esas experiencias servía demasiado. • • • —Podríamos empezar por hablar —dijo ella. —Ya hablamos. —Sobre nosotros.

—Eso parece más peligroso que una guerra. —Mucho. Darian pensó. —Podríamos comer. —¿Comemos todos los días? —Juntos. Aveline lo miró. —¿Estás intentando invitarme a algo? —Creo. —¿A una cita? Darian frunció el ceño. —¿Una qué? Aveline parpadeó. —No importa. —Ahora importa. —Después. • • • Esa tarde salieron. No hubo anuncio. No hubo carruaje real. Darian dejó la corona en el palacio. Aveline dejó cualquier símbolo de Heroína. Llevaban ropa sencilla.

Guardias a distancia. Nada más. —Sin títulos —dijo Aveline al cruzar la puerta. Darian asintió. —Darian. —Aveline. —Eso es todo. —Eso es suficiente. • • • Caminaron por una zona de la capital donde ninguno tenía asuntos oficiales. Eso resultó más difícil de lo esperado. Darian vio una alcantarilla rota. Se detuvo. Aveline lo agarró del brazo. —No. —Pero— —No eres rey durante una hora. —Sigue siendo peligrosa. —La reportaremos después. Darian miró la alcantarilla como si estuviera abandonando a un soldado. —Esto es irresponsable. —Camina. • • •

En un puesto compraron comida. Darian pagó. Aveline lo miró. —Puedo pagar la mía. —Lo sé. —Entonces ¿por qué pagaste? —Porque invité. —Ah. Darian frunció el ceño. —¿Lo hice mal? —No. —Tu cara dice algo. —Me han acusado de eso antes. Ambos sonrieron. • • • Terminaron junto a un canal pequeño donde varias personas se sentaban después del trabajo. No había monumentos. No había historia. Solo agua y luz de tarde. Aveline comió en silencio. Darian intentó no mirar demasiado. Fracasó. Ella lo vio.

—¿Qué? —Nada. —Esa palabra debería ser ilegal entre nosotros. —Tú la usas. —Exactamente. Sé lo inútil que es. • • • Darian respiró. —Estoy pensando en Mia y Lian. Aveline bajó la comida. —Yo también. —No quiero que esto exista porque ellos existieron. —Tampoco yo. —No quiero que un recuerdo de hace mil años nos empuje hacia algo. Aveline sonrió apenas. —Vaelthra sí quería. —Vaelthra será procesada cuando descubra un tribunal capaz de juzgar dragones. —Buena suerte. • • • Darian continuó: —Si hacemos algo... Pausa. —quiero que sea nuestro. Aveline lo miró.

—Sí. —Y si no funciona... —También será nuestro. —Sí. Ella respiró despacio. —Esta vez nadie nos está obligando. Darian sostuvo su mirada. —Esta vez no. • • • El silencio ya no fue incómodo. Aveline dejó la mano sobre el borde de la banca. Darian tenía la suya cerca. Demasiado cerca para no notarlo. Ninguno se movió durante varios segundos. Después Aveline estiró un dedo. Rozó el suyo. Darian la miró. Ella no apartó la mano. Él tampoco. Poco a poco, sin ceremonia, sus dedos se entrelazaron. Nada explotó. No apareció una profecía. Varkhaz no cayó del cielo.

Durante casi treinta segundos. —Los vi —dijo una voz infantil detrás. Ambos cerraron los ojos. Lio estaba a varios metros. Varkhaz detrás. —¡LIO! —dijo Darian. —¡NO ESTABA ESPIANDO! Varkhaz: —Yo sí. Aveline empezó a reír. Darian se cubrió el rostro con la mano libre. —No puedo tener nada. Lio corrió hacia ellos. —¿Qué hacen? Aveline miró sus manos unidas. Después a Darian. —Estamos averiguándolo. Lio pareció aceptar esa respuesta. Varkhaz no. —Lento. Darian: —Cállate. • • •

Esa noche, antes de separarse, Darian acompañó a Aveline hasta el corredor de sus habitaciones. Ambos se detuvieron. No había necesidad. Pero lo hicieron. —Entonces... —dijo Darian. —Entonces. —¿Repetimos? Aveline sonrió. —Sí. —¿Eso significa que fue una cita? Ella abrió los ojos. —Aprendiste la palabra. —Pregunté. —¿A quién? Darian hizo una pausa. Aveline lo miró con horror creciente. —Darian. —Dravenn. Ella cerró los ojos. —Voy a morir. —Dijo que probablemente sí era una cita. —Ahora todo el gobierno lo sabe. —Solo Dravenn.

Una puerta cercana se abrió. Arvek pasó. Los vio. —Buenas noches. Siguió caminando. Aveline miró a Darian. —Todo el gobierno. —Probablemente. • • • Ella rio. Después dio un paso hacia él. Por un momento Darian creyó que iba a besarlo. Aveline también pareció considerarlo. No ocurrió. Todavía. Ella simplemente apretó su mano una vez. —Buenas noches, Darian. —Buenas noches, Aveline. Se separaron. Sin títulos. Sin destino. Sin una historia que obedecer. Y por primera vez, eso no parecía una ausencia.

Parecía libertad. FIN DEL CAPÍTULO LII