Capítulo XLXIV
EL ÁGUILA ENTRE LAS CENIZAS
Durante tres días Aveline no quiso regresar a Drunhild. Tampoco quiso alejarse demasiado. Se quedó en Asterhal. Dormía poco. Comía porque Darian la miraba hasta que lo hacía. Y releía una frase que ya no necesitaba papel para recordar. Porque si alguien sobrevive, la niña puede enterarse. • • • —Podría no referirse a ti —dijo Darian. Aveline lo miró desde el otro lado de la mesa. —Lo sé. —Podría haber otra niña. —Lo sé. —Podría ser una coincidencia. —Darian. Él se calló. Aveline respiró despacio. —Agradezco que intentes impedir que convierta una sospecha en certeza. Pausa. —Pero ambos sabemos que las probabilidades no son buenas.
Darian asintió. —Sí. —Entonces averigüemos qué significa el águila. • • • La respuesta vino de un hombre que Darian no esperaba. El mayor Garran Velk había servido durante años en inteligencia fronteriza antes de retirarse por una lesión permanente en la mano izquierda. Cuando vio el dibujo reconstruido de la insignia, su expresión cambió. —¿Dónde encontraron esto? —Drunhild —respondió Darian. Garran levantó los ojos. Aveline estaba presente. El veterano entendió que aquella conversación no sería sencilla. —Orden del Águila. —¿Militar? —preguntó Darian. —No oficialmente. —Eso normalmente significa sí. Garran hizo una mueca. —Significa que existía sin existir. • • • La Orden del Águila no figuraba en los organigramas públicos de Arthel. No tenía cuarteles registrados. No recibía presupuesto con ese nombre.
Pero durante décadas habían circulado informes. Hijos de casas nobles. Oficiales seleccionados. Sacerdotes con entrenamiento militar. Mensajeros que no respondían a las cadenas habituales. —Una estructura de operaciones clandestinas —dijo Darian. Garran asintió. —Vinculada a obispos y a determinados nobles. —¿La Corona sabía? —Algunos reyes probablemente sabían que existía algo. Pausa. —Eso no significa que supieran cada operación. Aveline: —¿La Iglesia? Garran la miró. —La Iglesia estaba más cerca. • • • El nombre que apareció primero fue Alaric Veyron. Obispo. Consejero religioso. Protector de varias casas menores. Y, según archivos incompletos, comandante informal de la Orden del Águila durante la época de Drunhild. Aveline conocía el nombre.
—Lo vi varias veces cuando era adolescente. Darian giró. —¿Te habló? —Poco. —Nunca fue uno de mis instructores. Pausa. —Pero estaba en reuniones. —Siempre detrás de alguien más importante. Garran respondió: —Eso era una especialidad suya. • • • No podían acusar a un obispo muerto solo porque una insignia coincidía. Necesitaban archivos. Y los archivos humanos de la Orden habían sido destruidos casi por completo después de la guerra. Casi. Un registro demoníaco mencionaba un prisionero capturado trece años atrás. No tenía nombre. Solo código. C30BN. Había sido encontrado herido junto a una célula humana que intentaba destruir documentos antes de retirarse. Seguía vivo.
La prisión no parecía una prisión de leyenda. Nada de cadenas en paredes húmedas. C30BN tenía una habitación vigilada, cama, mesa y acceso médico. También tenía un cuerpo que estaba terminando de rendirse. Cáncer. Insuficiencia de varios órganos. Los sanadores calculaban meses. Quizá menos. Darian entró primero. Aveline detrás. El hombre abrió los ojos. Los reconoció. —Rey Demonio. —Darian. Después miró a Aveline. Su respiración cambió. —No. Ella se quedó quieta. —¿Me conoce? —No. Pausa. —Pero sé quién es. • • •
El prisionero había sido escribiente. No guerrero. No estratega. Llevaba documentos. Copiaba órdenes. Archivaba correspondencia. Durante años había respondido que no sabía nada importante. Darian le creyó parcialmente. Los escribientes sabían cosas. A veces sin comprenderlas. Aveline colocó el dibujo del águila sobre la mesa. El hombre cerró los ojos. —¿Dónde lo encontraron? —Drunhild. Su rostro perdió color. • • • —No fui —dijo inmediatamente. Aveline sintió rabia. —No pregunté si fue. —No estaba allí. —Entonces diga lo que sabe. El hombre respiró con dificultad. —Había archivos.
—¿Dónde? —Los movieron. —Después de la guerra. —Veyron ordenó destruir casi todo. Darian: —¿Casi? El hombre abrió los ojos. —Guardó uno. • • • Darian se inclinó. —¿Por qué? —No lo sé. —¿Dónde? —No sé exactamente. Aveline apretó la mandíbula. El prisionero levantó una mano temblorosa. —Pero puedo ayudarlos a encontrarlo. • • • La ubicación era un antiguo monasterio abandonado cerca de la frontera interna de Arthel. No podían simplemente enviar tropas demoníacas. El armisticio tenía semanas. Darian se negó a arriesgarlo. Así que enviaron una solicitud formal.
Arthel respondió con rapidez sorprendente. Permiso de investigación conjunta. Dos juristas humanos. Una escolta de la Corona. Observadores demoníacos limitados. Aveline podía participar como ciudadana. Darian no. —Eres rey extranjero —le explicó Dravenn—. Entrar en un archivo clandestino humano recién descubierto podría verse mal. Darian: —¿Más mal que entrar solo a su capital? Todos lo miraron. —No era una sugerencia. • • • Aveline fue con Garran. Darian esperó al otro lado de la frontera. Odiaba esperar. Arvek lo sabía. —No puedes comandar cada investigación. —Lo sé. —Tu cara dice lo contrario. —Todos están obsesionados con mi cara. • • • El monasterio llevaba décadas cerrado.
Encontraron la primera cámara detrás de una pared falsa. La segunda estaba vacía. La tercera contenía cenizas. Miles de documentos quemados. Aveline sintió que habían llegado tarde trece años. Entonces Garran vio el suelo. —Aquí. Una piedra diferente. Debajo había una caja metálica sellada. En la tapa: un águila. • • • Dentro había treinta y siete carpetas. Ninguna completa. Algunas páginas estaban arrancadas. Otras marcadas con nombres tachados. Pero una etiqueta apareció varias veces. PROYECTO AURORA. Aveline nunca había oído esas palabras. No quiso tocarlas. Garran abrió la primera carpeta. Informes sobre niños. Talentos mágicos.
Familias. Lealtades. Educación. Capacidad física. Potencial de influencia religiosa. Aveline dejó de respirar. —¿Qué es esto? Garran siguió leyendo. —Candidatos. —¿Para qué? No respondió. Había encontrado un nombre. AVELINE CAELOR. • • • El primer documento era antiguo. Un informe de un médico viajero. Nada siniestro. Una niña con talento inusual. Buen control mágico. Reflejos superiores a la media. Recomendación: evaluación académica especializada si la familia dispone de recursos. Aveline leyó varias veces.
—Eso es todo. Garran asintió. —Parece. Entonces vio una anotación posterior, escrita por otra mano. CANDIDATO ADECUADO PARA OBSERVACIÓN. REMITIR AL CÍRCULO DE CORVAN. Aveline sintió frío. —Corvan. Garran conocía el nombre. Todos en Arthel lo conocían. Bishop Matthiel Corvan. Uno de los hombres más poderosos de la Iglesia durante la juventud de Aveline. • • • El resto de la carpeta era peor. No porque demostrara que Aveline no tenía talento. Demostraba exactamente lo contrario. Era genuino. No la habían creado mediante magia. No habían inventado su capacidad. Habían encontrado una niña extraordinaria. Y decidido moldearla. Objetivo: consolidación de figura heroica bajo tutela eclesiástica. Potencial de legitimidad superior a la Corona.
Uso político ante crisis demoníaca. Aveline dejó el documento. —No. Garran no habló. —No. Esta vez no era negación. Era rabia. • • • Encontraron otra carpeta. Drunhild. La portada estaba vacía salvo por una palabra: CONTINGENCIA. Aveline no pudo abrirla. Garran lo hizo. La primera orden no llevaba firma. La segunda sí. Matthiel Corvan. Y debajo: Transmisión autorizada: Alaric Veyron. Aveline cerró los ojos. • • • La orden era explícita. No hablaba de demonios.
Hablaba de saneamiento de información. De eliminar testigos. De asegurar que la superviviente identificada recibiera una versión coherente con la narrativa de agresión demoníaca. De reforzar dependencia hacia la Iglesia. Garran tuvo que detenerse. Aveline tomó el documento. Leyó hasta el final. No lloró. Todavía. —Mis padres. Nadie respondió. —Los mataron para que yo odiara a Darian. Garran: —Para que odiaras a los demonios. Aveline levantó la mirada. —Eso no mejora nada. —No. • • • Había una última cosa. Una carta sin destinatario oficial. Escrita años después. Firmada por Alaric Veyron. Garran dudó.
—Aveline. —Dámela. —Podemos esperar. —No. Pausa. —Ya esperé trece años. • • • La carta empezaba: Si esta página todavía existe cuando Aveline Caelor la encuentre, significa que fracasé en destruir todo y también que tuve suficiente cobardía para conservar una verdad. Aveline tuvo que sentarse. La Orden del Águila había dejado un archivo. No por accidente. Veyron lo había escondido. Para ella. Pero la razón todavía no estaba clara. Darian recibió el mensaje esa misma noche. Encontramos Aurora. Drunhild fue una operación humana. Corvan ordenó. Veyron transmitió. Hay una carta. Darian leyó varias veces. Arvek estaba frente a él. —¿Qué vas a hacer? Darian dobló el papel.
—¿Y después? La mirada de Darian se endureció. —Después averiguaremos cuánto de Arthel sabía que estaba fabricando una Heroína. FIN DEL CAPÍTULO LIV