El rey demonio y la heroina

LA NIÑA QUE DEBÍA ODIAR

Capítulo XLXV

LA NIÑA QUE DEBÍA ODIAR

Aveline no leyó la carta de Veyron completa aquella noche. Llegó hasta la tercera página. Después la dejó. No porque no quisiera saber. Porque ya sabía demasiado. • • • Darian llegó a la mañana siguiente. Legalmente no entró con una unidad militar. Viajó como jefe de Estado con autorización expresa de Arthel y una escolta mínima. Dravenn había conseguido convertir aquella explicación en ocho documentos. Darian consideraba que eso era una forma de venganza administrativa. Aveline lo encontró en el exterior del monasterio. No dijeron nada. Ella simplemente caminó hacia él. Darian abrió los brazos. Aveline se apoyó contra su pecho. No lloró. No todavía. • • •

—Lo siento —dijo Darian. Aveline cerró los ojos. —No fuiste tú. —Lo sé. —No fue tu reino. —Lo sé. —No tienes que disculparte. —También lo sé. Ella lo abrazó un poco más fuerte. —Entonces deja de hacerlo. —Bien. • • • El archivo fue trasladado a una sala segura bajo custodia conjunta. No podían permitir que desapareciera otra vez. Arthel envió jueces. El Reino Demoníaco, observadores. Aveline exigió copias. —No una selección —dijo. —Todo. Un funcionario humano dudó. —Algunos documentos contienen información de seguridad de Arthel. Aveline lo miró. —Entonces redacten únicamente lo que siga siendo militarmente sensible.

Pausa. —No vuelvan a decidir qué parte de mi vida tengo permitido conocer. El hombre bajó la cabeza. —Entendido. • • • La carta de Veyron esperaba. Aveline la terminó con Darian sentado al otro lado de la habitación. No leyó en voz alta. Pero al final le entregó las páginas. Darian dudó. —¿Segura? —Sí. Él leyó. • • • Veyron no pedía perdón. Eso fue lo primero que Darian respetó. Fui obispo. Fui comandante. Fui asesino. Fui cómplice. Fui padre. Y cualquiera de esas palabras puede utilizarse para explicar una parte de mí sin absolver las demás. Darian siguió. Veyron afirmaba que Corvan había convertido Proyecto Aurora en algo mayor de lo inicialmente concebido. Al principio, observación. Selección.

Propaganda. Después control. Fabricación de crisis. Eliminación de testigos. Drunhild. Veyron había objetado la masacre. Después había transmitido la orden de todos modos. Eso me convierte en responsable. No escribo “obedecí órdenes” porque ya he escuchado demasiados cobardes esconderse detrás de esa frase. Darian apretó la mandíbula. • • • El documento explicaba algo más. Corvan sospechó que Veyron podía traicionarlo. Años después utilizó una célula del Águila leal únicamente a él. La esposa de Veyron murió. Su hijo de nueve años también. Oficialmente un ataque demoníaco. No lo había sido. Veyron descubrió la verdad. Y se convirtió en verdugo de su propia organización. Uno por uno buscó a los participantes directos de Aurora. Destruyó archivos. Mató colaboradores.

Finalmente asesinó a Corvan apuñalándolo por la espalda. No hubo duelo. No hubo justicia formal. Solo venganza. • • • Aveline habló cuando Darian terminó. —¿Sientes pena por él? Darian pensó. —Sí. Ella lo miró. —¿Y eso lo perdona? —No. Pausa. —Comprender por qué alguien se convirtió en monstruo no hace desaparecer a sus víctimas. Aveline bajó la mirada. —Bien. • • • La última parte de la carta estaba dirigida directamente a ella. Aveline Caelor: No puedo devolverte a Edran ni a Lyssa. No puedo devolverte Drunhild. No puedo devolverte los años en los que otros eligieron tu odio antes de que fueras suficientemente adulta para comprenderlo. Tu talento fue tuyo. Tu fuerza fue tuya. Cada hora que entrenaste fue tuya. No permitas que descubrir la manipulación te robe también

aquello que realmente construiste. Aveline había tenido que detenerse al leer esa parte. Porque era la pregunta que no había querido formular. Si la Iglesia había manipulado su vida... ¿qué quedaba de ella? La carta respondía: Lo que te hicieron no convierte en mentira todo lo que hiciste después. La vida que te robaron no puede recuperarse. La vida que queda sigue siendo tuya. • • • Aveline dobló las páginas. —Lo odio. Darian asintió. —Bien. Ella levantó la mirada. —También lo entiendo. —Eso no es traición. —No. Pausa. —Pero se siente como si lo fuera. Darian se acercó. —Puedes entender que amó a su esposa y a su hijo. —Puedes entender que Corvan los asesinó.

—Puedes entender que perdió la razón después. Pausa. —Y todavía decir que ayudó a matar a tus padres. Aveline cerró los ojos. —Sí. • • • La investigación encontró otros nombres. Uno destacó por su peso político. Marqués Othmar Caelmont. Antigua casa de Arthel. Financiamiento. Acceso a propiedades. Intermediación con la Iglesia. Participación en Aurora demostrada. Muerto durante la guerra. A manos de un soldado demoníaco. Su hijo, Theron Caelmont, seguía vivo. • • • Un funcionario propuso investigarlo inmediatamente. Aveline preguntó: —¿Hay pruebas de que conocía Aurora? —No todavía. —¿Algún documento?

—¿Algún testigo? —No. El funcionario hizo una pausa. —Pero era su hijo. Aveline lo miró. Darian también. El funcionario se dio cuenta demasiado tarde. Aveline habló primero. —Eso no es evidencia. • • • Theron había renunciado al título después de descubrir delitos financieros de su padre. Vivía modestamente. Trabajaba en agricultura local. Tenía esposa. Dos hijos. Había intentado denunciar a Othmar años antes por corrupción común. No existía prueba de que hubiera conocido Proyecto Aurora. —Entonces no lo investigamos por ser hijo —dijo Aveline. Un juez humano frunció el ceño. —Podría saber algo. —Entonces busquen una razón concreta para preguntarle. Pausa. —No conviertan la culpa en una herencia.

Darian no dijo nada. No necesitaba. • • • Esa tarde caminaron fuera del archivo. Aveline se sentó en la hierba. Darian a su lado. —Durante años pensé que si mataba al Rey Demonio, algo se arreglaría. Darian: —Eso habría sido incómodo para mí. Aveline soltó una risa inesperada. —Idiota. —Intentaba ayudar. • • • Ella miró el cielo. —Después descubrí que tú no habías ordenado Drunhild. —Después que ningún demonio había entrado. —Después que humanos lo hicieron. —Después que la Iglesia que me crió lo ordenó. Pausa. —¿Sabes qué es lo peor? Darian esperó. —Una parte de mí desearía que la historia anterior siguiera siendo verdad. Él la miró.

—Era más sencilla. —Sí. —Y podías odiarme con mucha comodidad. Aveline lo golpeó suavemente con el hombro. —No arruines el momento. —Perdón. • • • Ella se quedó en silencio. —No sé qué hacer con todo esto. —No necesitas hacer nada hoy. —Otra vez esa respuesta. —Sigue siendo buena. Aveline sonrió apenas. —Quiero volver a Drunhild. —¿Cuándo? —Pronto. —Voy contigo si quieres. Ella lo miró. —Quiero. • • • Antes de marcharse, Aveline regresó a la caja de documentos. Tomó la primera evaluación médica. La del doctor que no conocía conspiraciones.

educación. La sostuvo con cuidado. —Esto era mío. Darian: —Sí. —Mi talento. —Sí. —No Corvan. —No. —No Veyron. —No. Aveline respiró profundamente. Por primera vez desde que había descubierto Aurora, algo dentro de ella dejó de sentirse completamente contaminado. La Heroína había sido construida por otros. Aveline no. FIN DEL CAPÍTULO LV