El rey demonio y la heroina

LO QUE CONSTRUIMOS

Capítulo XLXXII

LO QUE CONSTRUIMOS

El mausoleo era más silencioso en invierno. Los árboles habían perdido parte de las hojas. El sendero estaba limpio. Darian y Aveline se sentaron en el mismo banco de siempre. No había ceremonia. No había guardias cerca. Solo dos figuras vigilaban a suficiente distancia para respetar el lugar. • • • Aveline miró el bosque. —Está creciendo bien. Darian levantó una ceja. —¿El bosque? —Los árboles jóvenes. —Pensé que ibas a decir nuestra relación. —Esa también. Darian sonrió. • • • Hablaron de cosas pequeñas. Lio había empezado a leer textos demasiado avanzados solo porque alguien le dijo que eran demasiado avanzados. Varkhaz seguía haciendo trampa.

Maelis estaba intentando estandarizar piezas de los nuevos blindados. Korran había propuesto un cañón que requería “solo una pequeña ampliación” de toda la torre del vehículo. Aveline preguntó: —¿Cuánto es pequeña para Korran? —Suficiente para preocupar a Maelis. —Entonces enorme. —Sí. • • • Después Darian quedó callado. Aveline lo notó. —¿Qué? —Nada. Ella lo miró. —Seguimos usando esa palabra. Darian suspiró. —Pienso en Lio. —¿Qué pasó? —Nada. Pausa. —Ese es el problema. Aveline esperó. • • • Darian miró la entrada del mausoleo.

—Mis padres murieron cuando yo tenía ocho años. Aveline no dijo nada. —No había nadie responsable de mí después. —Había gente buena. —Sí. —Pero nadie que pudiera decir: “si pasa algo, él viene conmigo”. Aveline comprendió. —Te preocupa morir. Darian soltó una risa breve. —Siempre me preocupa morir. Pausa. —Me preocupa morir y dejar a Lio solo. • • • Aveline tomó su mano. —No estaría solo. —Lo sé. —Me tendría a mí. Darian la miró. Aveline continuó: —A Arvek. —A Dravenn. —A Varkhaz, aunque probablemente arruinaría su educación. —Definitivamente.

—A mucha gente. Darian asintió. —Pero quiero que eso exista también en papel. • • • Las semanas siguientes produjeron documentos. Muchos. Arvek sería una de las figuras responsables si Darian moría mientras Lio fuera menor. Dravenn administraría asuntos patrimoniales junto con dos juristas independientes. Aveline sería nombrada persona de confianza con autoridad para cuidar a Lio si aceptaba en ese momento. No como obligación. Como opción protegida. Y cuando Lio tuviera edad suficiente, podría revisar los arreglos. • • • Un jurista preguntó: —¿Y la sucesión? Darian frunció el ceño. —¿Qué tiene? —Lio es su hijo legal. —Sí. —Algunos asumirán que será heredero. Darian negó.

Pausa. —Me preocupa que herede mi soledad. La sala quedó en silencio. —La Corona se decidirá según la ley y las circunstancias cuando corresponda. —Lio decidirá qué vida quiere. • • • DOS AÑOS DESPUÉS El Reino Demoníaco ya no parecía el mismo. Tampoco Darian. Tampoco Aveline. Tampoco Lio. El niño tenía diez años. Y una habilidad preocupante para preguntar cosas que hacían callar habitaciones enteras. • • • Los VBE habían dejado de ser experimentos aislados. Ahora existían los tanques. La palabra se había vuelto común. Unidades blindadas permanentes. Tripulaciones dedicadas. Depósitos. Mecánicos. Talleres móviles.

Piezas estandarizadas. Doctrina. También problemas. Transmisiones que fallaban. Orugas que odiaban el barro. Motores que se calentaban demasiado. Consumo absurdo de combustible. Darian observó uno detenido junto a un taller. —Un tanque sin combustible es una fortificación muy cara. Arvek, a su lado: —Uno sin mantenimiento es una tumba de metal. Maelis escuchó. —Los odio a ambos. • • • La torreta giraba completamente. El cañón funcionaba. Korran lo consideraba pequeño. Eso tranquilizaba a nadie. También existían prototipos de pistolas compactas. Cargadores experimentales. Atascos aproximadamente cada cincuenta o sesenta disparos según munición. Un oficial preguntó si podían distribuirlas. Darian respondió:

—No. —Pero funcionan. —A veces. Pausa. —“A veces” es una excelente palabra para un prototipo y una terrible para un arma reglamentaria. • • • Las radios conectaban ciudades, estaciones, puestos fronterizos y hospitales. Ilan Mereth había envejecido cinco años en apariencia durante dos. —Necesito operadores que entiendan que “¿dónde está mi pedido?” no es una emergencia. Darian: —Eso ya lo dijiste durante la guerra. —Y nadie aprendió. • • • También aparecieron nuevos pueblos en los mapas diplomáticos. Enanos de las montañas orientales. Expertos en minería. Metalurgia. Aleaciones. Hornos. Túneles. No aliados automáticos.

Maelis discutió durante tres horas con un ingeniero enano sobre tolerancias de acero. Después ambos fueron a comer juntos. Darian decidió que aquello contaba como diplomacia. • • • Los pueblos lagartos llegaron desde ríos, deltas y costas. Rastreadores. Pescadores. Navegantes. Expertos en corrientes. Uno de ellos observó un mapa ferroviario y dijo: —Ustedes construyen carreteras muy caras. Darian señaló el río. —Y ustedes encontraron carreteras ya construidas. El lagarto sonrió. El comercio fluvial empezó meses después. • • • Arthel también cambió. Edric perdió lo que le quedaba de autoridad política. No mediante golpe. Mediante desgaste. Nobles. Tribunales. Escándalos.

La ruptura de Dareth. La manipulación de Aveline. La pérdida de credibilidad internacional. Finalmente abdicó. Su hijo tomó la Corona. Lucien de Arthel. El antiguo príncipe accidentalmente capturado por Darian. • • • —Al menos ya conozco al rey humano —dijo Darian. Dravenn: —Lo capturaste. —Eso cuenta como conocer. —No para diplomacia normal. • • • Lucien tenía una hermana. Elyra de Arthel. Darian conocía el nombre. No a la persona. Inteligente. Formada en política. Pragmática. La primera carta de Lucien llegó junto con dos propuestas. Una pública.

La pública: transformar el armisticio en paz permanente. No agresión. Comercio ampliado. Posible cooperación defensiva futura. La privada: una unión matrimonial entre Darian y Elyra. • • • Darian dejó ambas cartas sobre la mesa. Aveline estaba frente a él. —Interesante —dijo ella. Darian la miró. —Esa palabra me preocupa. —¿Por qué? —Porque no estás molesta. Aveline levantó una ceja. —¿Debería? —No. —Entonces. Pausa. —Es una propuesta política. —Sí. —Y vas a rechazarla.

—Sí. Aveline sonrió. —Entonces tengo problemas más importantes. —¿Como? —Lio escondió otra pieza del tablero para impedir que Varkhaz hiciera trampa. Darian cerró los ojos. • • • Antes de responder a Arthel, Darian llevó a Aveline al mausoleo. Ella sospechó algo cuando no estaba Lio. Ni Arvek. Ni Dravenn. Ni siquiera Varkhaz visible. —¿Qué hiciste? —preguntó. Darian sonrió. —Dos años. Aveline se quedó quieta. El mismo banco. Los mismos árboles. Pero habían pasado exactamente dos años desde aquella conversación sobre matrimonio. • • • Darian se arrodilló. Aveline dejó de respirar.

El anillo esta vez era distinto. Dos metales entrelazados. Elegante. Pequeña piedra. Nada excesivo. Darian la miró. —No quiero casarme contigo para unir dos pueblos. Pausa. —No quiero completar ninguna historia de hace mil años. —No quiero que sea porque soy rey o porque tú fuiste Heroína. Aveline tenía lágrimas en los ojos. Darian continuó: —Quiero casarme contigo porque te amo. Pausa. —Y porque cuando pienso en volver a casa... Sonrió. —sigues siendo la persona en la que pienso. • • • Aveline soltó una risa entre lágrimas. —Usaste la historia de tu padre. —La adapté. —Ladrón. —¿Eso es un no?

Ella negó rápidamente. —Sí. Darian quedó inmóvil. Aveline rio. —Sí, Darian Vhalyr. Pausa. —Quiero casarme contigo. • • • Darian colocó el anillo. Aveline lo levantó. —Entonces... —¿Qué? —¿Cuánto vamos? Darian pensó. —Perdí la cuenta. Aveline lo besó. —Eso significa que gané. • • • Un arbusto se movió. Darian cerró los ojos. —No. Lio salió corriendo. —¡DIJO QUE SÍ!

—El niño insistió. Darian: —Eres cómplice. —Soy víctima. Aveline estaba riendo demasiado para ayudar. • • • Cuando regresaron al palacio, las dos cartas de Arthel seguían esperando. Darian las miró. Aveline levantó su nueva mano con anillo. —Creo que ahora la respuesta privada será más sencilla. Darian sonrió. —Mucho. Y mientras Lio seguía celebrando y Varkhaz fingía que no había espiado una propuesta de matrimonio... Arthel esperaba saber si el rey demoníaco aceptaría casarse con una princesa que todavía no conocía. FIN DEL CAPÍTULO LXII