El rey demonio y la heroina

DETRÁS DE LA FRONTERA

Capítulo XLXXIII

DETRÁS DE LA FRONTERA

Darian respondió primero a la propuesta que consideraba importante. La paz. Después respondió al matrimonio. No quiso mezclar ambas cosas. Eso también era importante. • • • La carta quedó así: A Su Majestad Lucien de Arthel y a Su Alteza la princesa Elyra de Arthel: He recibido ambas propuestas. Respecto a la primera, el Reino Demoníaco está dispuesto a iniciar conversaciones formales para transformar el actual armisticio en un tratado permanente de paz y no agresión, así como estudiar mecanismos de cooperación defensiva bajo condiciones mutuamente acordadas. Una alianza defensiva deberá proteger a ambos reinos frente a agresiones externas sin obligar a ninguno a participar en guerras iniciadas por el otro. Respecto a la propuesta de unión matrimonial, agradezco la confianza que representa y no considero ofensivas las razones estratégicas que la motivaron. Sin embargo, debo rechazarla. Me encuentro comprometido matrimonialmente con Aveline Caelor.

Incluso de no estarlo, considero que la seguridad entre dos pueblos debe descansar sobre instituciones y tratados capaces de sobrevivir a quienes los firman, no sobre la obligación de que dos personas contraigan matrimonio. Si Arthel desea un aliado, estoy dispuesto a discutir cómo convertirnos en uno. Darian Vhalyr. • • • Elyra leyó la carta dos veces. No se sintió ofendida. Eso sorprendió a algunos miembros del Consejo. A ella no. Había ofrecido una solución política. Había recibido una respuesta política. Lo que despertó su curiosidad fue otra frase. Tratados capaces de sobrevivir a quienes los firman. • • • —Quiero verlo —dijo. Lucien levantó una ceja. —Vendrá una delegación. —No me refiero a una audiencia. —Elyra. —Quiero ver su reino. Lucien la observó con sospecha creciente. —Oficialmente.

Ella hizo una pausa. Demasiado larga. —Elyra. —Pensaré en ello. Eso debería haber preocupado más a Lucien. • • • Tres días después la princesa dejó una nota. Estoy bien. No me han secuestrado. No movilices tropas. Volveré. Lucien leyó. Después la volvió a leer. —Voy a matarla. Su madre, detrás: —Toma turno. • • • Elyra cruzó la frontera usando otro nombre. Lysa Arden. Ropa sencilla. Sin joyas reales. Un pequeño sello de la Casa de Arthel oculto en caso de emergencia. Documentación de civil desplazada. Nada militar. Nada que indicara princesa. • • •

—Nombre. —Lysa Arden. —Origen. —Oeste de Arthel. —Motivo. —Quiero empezar de nuevo. El guardia asintió. —¿Ha servido en ejército, milicia u orden armada? —No. —¿Armas? Elyra dudó. —Una daga. —Muéstrela. Ella lo hizo. El soldado revisó el filo. Se la devolvió. Elyra parpadeó. —¿Puedo conservarla? —Si prohibiéramos cuchillos, los refugiados no podrían cocinar. Pausa. —Si intenta apuñalar a alguien, la conversación cambia. —Comprensible. • • •

Revisaron equipaje. Lista de buscados. Descripción. Registro provisional. No fue rápido. Tampoco cruel. Cuando terminaron, una funcionaria le entregó un documento. —Permiso temporal. —Puede elegir un destino dentro de las rutas cubiertas. Elyra levantó una ceja. —¿Destino? —El primer viaje ferroviario para refugiados es gratuito. —¿Por qué? La mujer la miró como si la respuesta fuera obvia. —Porque si alguien acaba de cruzar una frontera con una bolsa, cobrarle antes de que pueda llegar a un lugar donde trabajar complica bastante que deje de necesitar ayuda. • • • Le explicaron regiones. Agrícolas. Asterhal para medicina y rehabilitación. Velmora para industria, talleres y metalurgia. Regiones fluviales para comercio, pesca y navegación. Grandes ciudades para escuelas y administración.

Elyra preguntó: —¿La ciudad más cercana a la capital? —Eldren. —Comercial. Buena conexión ferroviaria. Elyra tomó el vale. —Eldren. La funcionaria selló. —No tiene que devolverlo. —¿Ni trabajar para el reino? La mujer la miró. —Es un billete de tren, no un contrato de servidumbre. • • • Eldren era más ruidosa de lo que Elyra esperaba. Vendedores. Trenes. Mercaderes enanos. Humanos. Demonios. Un lagarto discutía con un pescadero humano sobre el peso de una caja. —¡EL HIELO TAMBIÉN PESA! —¡PERO NO ESTOY COMPRANDO HIELO! Elyra se detuvo. Nadie parecía considerar que aquello fuera una crisis racial.

Solo comercio. • • • Una discusión cercana llamó su atención. Un demonio gritaba a un vendedor humano por manzanas demasiado caras. —¡SON PEQUEÑAS! —¡ENTONCES COMPRA GRANDES EN OTRO LADO! El demonio se marchó furioso. Regresó dos minutos después. —Las de allá cuestan más. —Te lo dije. Compró seis. Elyra siguió caminando. • • • No había alojamiento inmediato en Eldren. Decidió continuar hacia la capital a pie mientras esperaba otro transporte. Un viejo demonio con carro se detuvo junto a ella. —Vas hacia la capital. Elyra se tensó. —Sí. —Yo también. —No necesito— —No ofrecí matrimonio. Ofrecí carro. Elyra parpadeó.

El anciano sonrió. —Orvek Tal. —Lysa Arden. —Sube, Lysa Arden. Caminas demasiado lento para alguien que quiere llegar hoy. • • • Orvek comerciaba herramientas agrícolas con comunidades lagarto. Durante el camino habló principalmente de problemas. El puente occidental llevaba meses de retraso. El registro de transportes era demasiado lento. Los trenes de minerales recibían prioridad excesiva. La municipalidad de Eldren había tardado tres semanas en reparar una tubería. Elyra escuchó sorprendida. —Habla con mucha libertad del gobierno. Orvek la miró. —¿Debería susurrar? —No. —Entonces. Pausa. —Si Darian empieza a ejecutar gente por decir que un puente tardó demasiado, tendremos problemas más grandes que el puente. • • • La capital apareció al final de la tarde.

No servían. Vías. Mercados. Talleres. Barrios antiguos. Construcciones nuevas. Humanos y demonios compartiendo calles. Enanos negociando metal. Lagartos descargando mercancías fluviales. No una utopía. Una ciudad. Eso quizá era más impresionante. • • • Orvek la dejó cerca de la plaza central. —Busca el registro de refugiados al oeste. —Gracias. —Si consigues trabajo en administración, intenta arreglar el puente. Elyra sonrió. —Lo intentaré. • • • Entonces vio la estatua. Azrhael. Espada envainada.

Y detrás, el muro. Nombres humanos. Nombres demoníacos. La inscripción sobre quienes ayudaron sin mirar especie ni raza. Elyra permaneció allí demasiado tiempo. • • • Un movimiento en la plaza llamó su atención. Darian caminaba. Aveline a su lado. Lio entre ambos por momentos y adelantándose después. Guardias discretos detrás. Elyra se quedó quieta. No esperaba encontrar al rey caminando. Mucho menos escuchando quejas. • • • —¡Majestad! —gritó un comerciante—. ¡La nueva ruta de carros bloquea mi calle! Darian se detuvo. —¿Cuántas horas? —Todas las mañanas. —¿Lo reportaste? —Tres veces. Darian miró a un funcionario cercano. —Anótalo.

Otro ciudadano: —¡El área de descarga del puerto lagarto es demasiado pequeña! Darian: —Eso ya está en revisión. Una mujer: —¡La escuela del distrito norte necesita otro maestro! Darian: —También. Una anciana se abrió paso. —¡Y estás demasiado delgado! Silencio. Aveline levantó una mano. —En eso estoy de acuerdo. Lio: —Yo también. Darian los miró. —Traición familiar. • • • Elyra sonrió sin querer. Darian la vio. Ella dejó de hacerlo. Él se acercó. No hubo reconocimiento.

Solo curiosidad. —No te había visto antes. Elyra sintió un golpe de pánico. —Llegué hoy. —Arthel. No era pregunta. —Sí. Darian miró su documento provisional visible. —Refugiada. —Sí. • • • Darian llamó a un guardia. —Verifica su registro. No repitas todo el proceso si ya lo hicieron en frontera. —Sí, majestad. —Consigue alojamiento temporal hoy. Elyra intervino: —Puedo hacerlo sola. Darian la miró. —No dije que no pudieras. Pausa. —Dije que te ayuden. Aveline sonrió ligeramente. • • •

Darian preguntó: —¿Qué sabes hacer? Elyra eligió con cuidado. —Leer. —Escribir. —Contabilidad. —Números. —Idiomas. —¿Cuántos? —Tres bien. Un cuarto suficiente. Darian levantó una ceja. —Eso es útil. Pausa. —Administración. Comercio. Ferrocarril. Escuelas. Traducción. —Pero tendrás que demostrarlo como cualquiera. —No voy a darte un puesto porque yo te encontré en una plaza. Elyra asintió. —Eso esperaba. Lio se acercó. —Soy Lio. Elyra sonrió. —Lysa. —Bienvenida.

• • • La habitación treinta y uno tenía siete pasos de ancho. Elyra los contó. Cama. Mesa. Armario. Lavabo. Baño compartido en el corredor. Comidas básicas durante la fase inicial. Nada lujoso. Nada miserable. Exactamente lo prometido. Se sentó sobre la cama. Por primera vez en su vida no había criados. No había guardias personales. No había protocolo. Solo Lysa Arden. • • • Al día siguiente la plaza central estaba más llena de lo normal. Elyra preguntó por qué. —Festival de los Caídos —respondió una mujer. —¿Festival? —No de celebración.

—De memoria. Era el primero. Darian había decidido convertirlo en una fecha anual. • • • Había flores. Comida. Música suave. Mesas donde las personas escribían nombres. Humanos. Demonios. Soldados. Civiles. Un niño preguntó a su madre cómo había muerto su tío. Ella se arrodilló. —Hoy no necesitamos hablar de cómo murió. Pausa. —Hoy hablamos de cómo vivió. El niño pensó. Después escribió debajo del nombre: Contaba chistes malos. • • • Darian subió a una plataforma sencilla. Amplificó su voz.

Silencio. —Estamos aquí para recordar que vivieron. • • • —Los números son útiles para un comandante. —Son una forma terrible de recordar a una persona. Darian miró la plaza. —Algunos aquí perdieron familiares bajo espadas humanas. —Otros bajo espadas demoníacas. —No les voy a pedir que olviden. Pausa. —Tampoco les voy a ordenar que perdonen. —Eso no funciona. —Lo único que les pido es que no permitan que el resentimiento decida el futuro de quienes todavía están vivos. • • • Un veterano demonio permanecía junto a un humano. Ambos habían perdido hermanos en Valderan. No se abrazaron. No hicieron discursos. El demonio dijo: —Lo siento. El humano respondió: —Yo también. Eso fue todo.

• • • Darian continuó: —Dos años de paz no eliminan nuestras diferencias. —Nada que construyamos será perfecto. —Mi reinado tampoco. Pausa. —Pero la paz nos da una oportunidad que la guerra no daba. —Resolver problemas sin enterrarnos unos a otros. Una parte de la plaza quedó completamente inmóvil. —Recuerden a sus muertos. Pausa. —Amen a sus vivos. • • • Una anciana se acercó después con una insignia militar. —Mi hijo. Darian tomó la pieza. La reconoció. —Valderan. La mujer levantó los ojos. —¿Lo recuerda? Darian tardó un segundo. —La primera cosa que recuerdo es que hablaba demasiado. La anciana soltó una risa entre lágrimas.

Darian sonrió. —Entonces definitivamente es él. Elyra observó desde lejos. No sabía el nombre de aquel soldado. Pero entendió algo. El rey no había recordado primero cómo murió. Había recordado cómo molestaba. Como persona. • • • Darian terminó diciendo: —Algún día espero que nuestros hijos miren esta guerra y no entiendan por qué creímos necesario exterminarnos. Desde cerca de la plataforma, Lio gritó: —¡YO YA CREO QUE FUE ABSURDO! La plaza rio. Darian cerró los ojos. —Gracias, hijo. —¡DE NADA! • • • Elyra regresó a la habitación treinta y uno esa noche. Había entrado al reino para entender a Darian. Ahora empezaba a sospechar que estaba aprendiendo algo más importante. El sistema no era perfecto.

Había quejas. Retrasos. Prejuicios. Problemas. Pero no parecía depender únicamente de un hombre sosteniéndolo todo con sus propias manos. Porque Darian había escrito una frase que ahora empezaba a comprender de otra manera. Los tratados deben sobrevivir a quienes los firman. Quizá también los reinos debían aprender a hacerlo. Y si Arthel quería convertirse algún día en verdadero aliado del Reino Demoníaco... Elyra empezaba a sospechar que antes tendría que aprender algo mucho más difícil que firmar un documento. Tendría que aprender a recuperar la confianza de su propio pueblo. Y la del mundo. FIN DEL CAPÍTULO LXIII